La pregunta de las mil respuestas.
¿Por qué África?
Aunque usted no lo crea la respuesta a esta pregunta es más sencilla de lo que le pudiera parecer a cualquiera.
De hecho, la responderé en breve, aunque no sé si de manera breve, pues la mayoría de las veces suelo desacatar las sencillas reglas de la escritura concisa. Reglas, esas, que son creadas para la lectura con aire de celeridad y poca paciencia.
Veamos pues, cómo se me da esta vez.
Para empezar, de empezar… hay que hacerlo desde el principio.
¿He comenzado mal en el intento de ser breve, cierto?
***
Hace mucho, muchísimo tiempo, un insoportable profesor me dio una lección de vida que no me esperaba.
Él, llegó al aula de clases del tercer año de bachillerato y sin intentar siquiera mediar palabra con el numeroso grupo de estudiantes indisciplinados que entre “taquitos” y gritos, ignoraban cualquier acontecimiento que pudiese estar pasando en el mundo real -ese mundo que era diferente al de la rochela, las novelas juveniles y una salsa de los “Adolescentes” en plena tarde luego de la deserción a un día laborable-
Este señor colocó una película en el pequeño televisor con un VHS como complemento, que alguien –probablemente antes de que la claridad llegara al día- había dispuesto ahí, justo en frente del pizarrón, por petición anticipada de algún supervisor.
Y sonó.
Sonó un “Gracias a la Vida” de Mercedes Sosa (si nunca tuviste la dicha de escuchar esta canción, te invito a que visites www.youtube.com y la escuches)
Y se vio.
Se vio un montón de imágenes de gente necesitada.
Y yo vi.
Vi a un niño, que debía ser africano, –o de un país de esos donde todos son negritos- tirado en el suelo, arropado por la tierra que bañaba su piel y se apoderaba de sus sentidos. Tierra desértica que se acoplaba a ser, como el manto amable de una madre. Tierra que le acurrucaba en su canto la tranquilidad de un posible amanecer. Tierra que molestaba a sus ojos. Tierra que saboreaban sus labios. Tierra suya, tierra santa.
Había lágrimas en su rostro y huesos delgadísimos expuestos a la indiferencia colectiva, tenía hambre, pues sus ojos prácticamente desgarraban un grito desesperado de desdicha…
Esa, Debía ser una imagen común; él, debía ser un niño más.
Y entendí.
Entendí que no sabía nada, que era sumamente afortunada, y que, el pana que estaba sentado a mi lado probablemente jamás entendería lo que yo había entendido en ese preciso instante de mi vida. O cuando mínimo, no lo entendería mientras continuara lanzando "taquitos".
…Así fue.
Así fue como me quedé prendada con ese dicho que narra “dar y recibir”, hasta que este se convirtió en un “dar sin esperar recibir nada a cambio” y definitivamente me enamoré
-Pero ojo, y esto es importante, no se trata de “dar” esperando agradar a otros, a Dios o a ti mismo… La cosa va un poquito más allá.
Más allá de la religión –Sin dejar de lado a Dios (quien quiera que sea tu Dios)- Más allá de la familia. Más allá de las doctrinas políticas. Más allá de todos los aspectos sociales y más acá de tu condición innata de ser humano-.
Y aprendí.
Aprendí que el mundo es una inmensa comuna. Que todos y cada uno de nosotros compartimos el mismo aire, el mismo cielo y tantas “mismas” cosas más.
Aprendí que no todos habían comprendido lo que significaba SER humano.
Y supe.
Supe que el mundo necesitaba gente dispuesta a trabajar por hacerles ver a algunos “otros” que ESTAR aquí, vivir, trabajar, tener una familia, amar y morir, no lo es todo.
Que ESTAR no es igual a SER.
Que se puede vivir sin existir realmente. Que se puede tener condición humana sin SER humano.
Pero, no quiero decir con todo esto que yo sea mejor ser humano que el pana que estaba sentado a mi lado aquél día, o que sea mejor persona que cualquiera de ustedes que me leen, porque no es así. Yo simplemente soy diferente, y nótese, que he dicho “simplemente”, esto es porque no hay mucho meollo en el asunto, quiero ayudar… es sencillo.
Soy tan diferente como aquél que en lugar de ser arquitecto es ingeniero. O como aquél que en lugar de ser administrador es contador… y así, constituiríamos una gran cadena que haría aún más larga esta lectura.
Así pues, un día descubrí mi vocación, y desde entonces son muchos los que me han llamado loca – si es posible decirlo, “en el buen sentido de la palabra”- mis papas todavía no deben entender muchos porqués, y sin embargo, me apoyan… ¿Podría ser más afortunada? Aunque igual siento mucho causarles la preocupación de tener a una hija viviendo en África.
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Ahora bien, ¿Por qué África?
Muchos de ustedes aseveran, con toda propiedad, que en Venezuela existen muchas, sino las mismas, carencias que hay en el continente negro. Y sí, es cierto. No obstante, podría hablarles de diferencias –no cuantitativas- notables.
Venezuela ha sido siempre un país de oportunidades – desaprovechadas, pero igual así “oportunidades”- para surgir.
En Venezuela hemos tenido bonanzas petroleras hasta para lanzar al cielo.
Hemos tenido malos políticos como arroz.
Y las políticas erradas que no se quedan atrás.
Si, en Venezuela hay pobreza, pero hemos tenido la posibilidad, si bien no de erradicarla, si de disminuirla considerablemente.
Acá la ayuda es necesaria, es una verdad absoluta para quien sea que la diga, pero yo jamás he dicho que no ayudaré a mis conciudadanos.
Como dicen en Casablanca – y me encanta esta frase- “Siempre nos quedará Paris”. Por supuesto que siempre me quedará Venezuela.
Digamos que África será una escuela, y como siempre hay momento para una analogía, diré:
Supongamos que un “empresario” venezolano desea ser el mejor de los empresarios, ser el dueño de la empresa más importante de su país, ganar muchísimo dinero y triunfar. Les pregunto, ¿A dónde se dirigiría este señor para comenzar a formalizar su sueño? Respondería yo –me siento en un exquisito monologo- que, quizá, iría a alguna de las mejores escuelas de negocios en los Estados Unidos –País Capitalista por naturaleza, y exitoso (en su máxima expresión) en lo que hace- estudiaría, volvería a Venezuela y lograría su cometido
Porque para ser el mejor en lo que haces, tienes que ser malo primero, trabajar duro luego y finalmente, quizá, sin darte cuenta cómo, lograr ser bueno.
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Y me voy a África, sí.
Me voy al continente más necesitado del mundo. Viajaré tres días completamente sola. Intentaré, me equivocaré, me entristeceré, y seré feliz… durante cuatro meses y medio, procuraré ver sin frustrarme por no entender todas esas cosas diferentes que encontraré tan lejos de casa, de mi familia y mis amigos… Y aprenderé, sobre la marcha, aprenderé.
Iré al mejor lugar al que un ser humano puede ir para reencontrarse con su cualidad tacita de SER humano.
Y volveré.
Volveré con una gran escuela, para dar mucho más de lo que ahora puedo dar. Así como me lo hizo entender una buena pana en su oportunidad.
Esta es mi vocación, no pretendo que la entiendan, ni que la respeten, simplemente les pido que la conozcan… junto a mí, durante estos cuatro meses que están por venir.
Se trata de entender eso de SER. Listo.
Una vez, hace algún tiempo atrás, escribí: “No soy Capitalista, soy humana. No soy Socialista, soy humana. Soy tu hermana”
No voy a Kenia por Capitalista, ojalá tuviera más dinero para poder llevar todas esas cosas que pudieran darle Bienestar a esos 32 chamos con quienes compartiré en el orfanato Happy Home.
Pero no, no soy millonaria… Logré lo que logré por tener ímpetu, eso es todo.
Tampoco voy a Kenia por Socialista, que va. Mucho menos por comunista. Ni por Anarquista. No, nada de eso.
Voy porque voy… No hay doctrinas políticas, financiamientos de empresas, ni intereses burgueses. No hay balanzas, ni péndulos, no hay un cielo por ganar, no hay enfermedades terminales, no hay desconocimientos de realidades. No.
Voy porque eso es lo que soy… Giuliana Ippoliti Bandes, quien prefiere irse a África sin haber conocido Disney.
Y quizás sí, estoy un poco loca… Después de todo, dicen por ahí que los locos no actúan como los demás.
Todavía muchos me preguntan: ¿Y Cuánto te van a pagar?
Para dar respuesta a ese cuestionamiento tengo una sola palabra: Voluntad.
Ganaré mucho más de lo que pueda ganar en los 30 años de servicio –público o privado- que tendré en mi vida… Seré millonaria en espíritu gracias a la bondad de 32 miradas ilusionadas.
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Entonces, así es como empezó.
Mi trabajo empezó.