Hasta parecerá un poco loco escribir una entrada sobre el día en que regresé de Nairobi, sin antes hablarles de lo que hice en Nairobi, pero es que no me puedo esperar, fue un sueño, fue mágico, fue uno de los mejores momentos de mi vida.
Les prometo que les hablaré de Nairobi, para todo hay tiempo en esta vida.
Ayer llegue de Nairobi aproximadamente a las siete y media de la noche, en ese preciso momento del día en el que la gente del orfanato dice que es peligroso estar en la calle –aunque a mí Venezuela me sigue pareciendo más peligrosa- en ese momento en el que los niños del orfanato están terminando de cenar y preparándose para hacer las tareas, en ese, en ese preciso momento.
Cuando entré al orfanato vi a Sheilla a lo lejos, dentro de la casa, leyendo algún poster de esos que cuelgan en la pared… y con un grito con tendencia a susurro pronuncie su nombre mientras me escondía tras las plantas que adornan la fachada del edificio… La escuché correr.
Seguí caminando hacía la cocina donde supuse –por la hora- debían estar la mayoría de los niños, y así fue.
Cuando me vieron comenzaron a correr hacía mí para recibirme con un abrazo.
Fue un momento mágico, un instante de amor puro, de ilusión, de agradecimiento, mucha más que simples sentimientos.
Fue uno de los mejores instantes de mi vida, de esos que espero no olvidar nunca jamás. Que espero recordar siempre, como ahora, casi entre lágrimas, con el corazón apretado, con el amor elevado a mil.
Mietras Sheilla me abrazaba y besaba por tercera vez, Collins se acercó a mí para decirme que ellos ahora estaban bien porque yo estaba de vuelta.
“Thank you Aunty”
Yo creo que no me alcanzará la vida para decirles
¡¡¡Gracias!!!
Ellos me han dado mucho más de lo que se pueden imaginar
Quizá esté equivocada, pero sé que probablemente la mayoría de las personas que lean el título de la siguiente nota pensarán en primera instancia, que he querido dedicarle estas líneas a esa bondadosa sensación de esperar paciente por un futuro mejor.
Yo, por el contrario, cuando decidí escribir sobre la esperanza, la primera palabra que se me vino a la mente fue: Cambio.
Y con esta palabra, un montón de preguntas con respuestas absolutamente relativas, comenzaron a desvariar en mi cabeza.
¿Qué es el cambio? ¿Qué significa cambiar? ¿Son siempre buenos los cambios?
Y, también pensé, en la siguiente palabra: Espera.
No sin luego preguntarme:
¿Cuán bueno puede ser para una persona pasarse la vida esperando algo?
Cuando uno intenta buscar en google el significado de la palabra “esperanza”, puedes encontrar páginas web con los siguientes mensajes:
“La esperanza no es fingir que no existen los problemas, es la confianza de saber que estos no son eternos, que las heridas curarán y las dificultades se superarán”
Pero… ¿Qué pasaría si no es así? ¿Qué pasaría si se nos va la vida entera esperando que todo mejore?
En África hablar de esperanza es hablar de fe, y la fe, créanme, es la regente de la vida de los ciudadanos que habitan esta tierra “negra”, tan inmensa y hermosa a la vez, tan pura y bendita, tan carente... Tan llena de esperanza.
Podría escribir la siguiente afirmación: “La gente que espera”.
Y darles unos segundos para que reflexionen al respecto…
***
¿Listo?
Ya yo me lo pensé bien, y me parece cruel. ¿La gente que espera qué?
Podría decirles algo sobre la esperanza cuando está en las manos de las personas procurar el cambio. Por ejemplo, cuando alguien desea tener una casa más grande, o un carro nuevo, cuando alguien desea viajar al extranjero, o montar un negocio… Cuando las condiciones del lugar (País, Estado o Pueblo) donde vives se prestan para que tú esperanza algún día deje de ser deseo y se convierta en realidad… Entonces, la esperanza podría ser mera motivación para procurar un cambio positivo en la vida de quien así lo desea.
Sin embargo, en muchos casos no es tan cuento de hadas como escribí en el párrafo anterior… A veces, la gente se aferra a imposibles; otras veces, el deseo que se siente por algo, no te permite ver otras posibilidades; y así, un montón de paradojas asimiladas únicamente con el resultado insensato de volver infelices a los sobrevivientes.
Pero, en otro caso.
África
¿Qué con la esperanza?
¿Qué significa vivir esperanzado en un país como Kenia?
Irte a dormir soñando que mañana el día será diferente, que vendrá alguien, y sin ningún interés en particular, te dará comida. Qué por algún motivo, Dios enviará a un alma caritativa que tomará al hijo necesitado y lo llevará a un país desarrollado donde podrá tener un mejor estilo de vida. Qué, de la nada, recibirás ayuda monetaria para solventar cualquiera que sean las carencias que te impiden abandonar esa fechoría que a algunos, les gusta llamar esperanza.
Y sí, no estoy de acuerdo con hablar de esperanza en un continente como África.
Me parece injusto que la gente se aferre a un imposible, a un mañana mejor, a un futuro diferente… Me suena a blasfemia, cuando la iglesia eleva plegarias de esperanza por un pueblo pobre que no recibe más que eso, plegarias.
Tal vez, para la gente aquí sea algo diferente, porque ellos tienen la necesidad de creer en Dios, de rezarle, de saber que son escuchados y que el hambre, el SIDA, la malaria o alguna guerra étnica, no les darán el pase gratuito a esa otra vida, que por cierto, otros cuantos se esperanzan con tener.
Siempre he dicho que la gente tiene la necesidad de creer que existe un alguien superior, que les escucha y les puede ayudar, y he aceptado que en circunstancias especiales, ese “alguien” no es exclusivamente un ser divino… He ahí, el por qué de tanta guerra en el mundo. Porque, por ejemplo, cuando un pueblo comienza a adorar a un líder con la esperanza de que este les brinde un mejor porvenir, la mayoría de las veces, esas mismas adulaciones terminan con sangre.
No es fácil poner tú esperanza en las manos de otra persona, pero, es aún más difícil, poner tú esperanza en tus propias manos sabiendo que -muy probablemente- será imposible procurar un cambio.
Y quizá esté bien –eso de esperanzar a la gente diciéndole que un día, quién sabe cuándo, todo será diferente- yo no lo sé, lo que sí sé, es que me parece absolutamente atroz.
Pero, por otro lado…
¿Y la gente que acepta?
Esos que saben que no tienen posibilidad alguna de cambiar, que saben que han nacido pobres y morirán pobres; los saben que su calidad de vida no mejorará; los que aceptan su mundo tal y como es, los que agradecen a Dios por estar vivos, por respirar y tener lo suficiente para sobrevivir día tras día… Esos, ¿Son acaso peores seres humanos por no soñar imposibles? ¿Son frustrados por conformarse con posibles? ¿Son extractos de ausencias? ¿Son paradojas de existencia? ¿Son extraños? ¿Son humanos?
Buscando en google también encontré lo siguiente:
“Aunque vivamos en una mansión de cuarenta cuartos, rodeados de riquezas y siervos, o luchemos mes a mes para pagar el alquiler. Tenemos el poder de estar totalmente satisfechos y vivir una vida con verdadero significado”
A veces, cuando nos creemos tan acertados en nuestros razonamientos, deberíamos detenernos un instante a pensar en los demás. Pero ojo, no en esos otros que tenemos al lado, no en tus amigos o en el vecino; me refiero a los demás, a los otros compatriotas que conforman junto a ti, eso que se conoce como la raza humana. Sí, esos que se encuentran a miles de kilómetros de ti, esos de culturas diferentes, esos de piel diferente, esos mismos a quienes ignoras.
Y quiero, de verdad quiero, analizar el fragmento del párrafo que conseguí en google.
A ver:
Masión propia o casa alquilada… en el caso especifico de Kenia, algunas personas no tienen casa, algunas otras, tienen casas hechas de bolsas plásticas o de barro. Pero, un momento, en Venezuela también, así como en muchos países latinoamericanos, africanos, asiáticos, y, en ciertos casos especiales en EEUU y Europa.
Ajá...
“Contar con una vida con verdadero significado”
Quién sepa cuál es el verdadero significado de la vida, le ruego, por favor, que me deje un comentario en esta entrada explicándomelo. Trabajar, casarte y tener hijos… No es una opción.
Otra vez se me ha ocurrido una idea en plena madrugada; y es que, al parecer, mi inconsciente necesita hacerse escuchar, cuando el resto del cuerpo desea descansar. Por mí, está muy bien, siempre y cuando me dé buen material, y que, por supuesto, luego de escribir la idea, pueda volverme a dormir sin pensar nada más.
Desde que estoy en Kenya me gusta reflexionar sobre los gajes y azares de la vida de una manera menos política, más humana… por ese motivo, tal vez, a mi yo somnoliento le dio por pensar en la felicidad como paradigma de vida.
Y es que, pensémoslo juntos por un instante, quién no respira los días tratando de encontrar ese camino que los conducirá a la felicidad perpetua, al Santo Grial del cuerpo humano en su parte más emotiva, más psíquica, más intangible… sí, más humana.
Felicidad, nueve letras que hacen ver al infinito como un bebe de pecho… el deseo elevado al cuadrado, el supuesto deber ser que casi nunca es, la búsqueda perpetua de la Utopía de Moro en la Odisea de Homero… es el todo que nada es, es nada pretendiendo ser todo… Es imaginación, es fantasía, es verdad y es mentira, y es proyecto también; pero, lo incomprensible del asunto, es que puede llegar a ser decepción, sí, así mismo como se lee, puede llegar a ser fracaso, decepción, pérdida y tristeza… ¿Lo habían pensado de esta manera?
Alguna vez tuvieron el deseo “perenne” de lograr una meta que -según ustedes mismos- los haría inmensamente felices, pero, una vez alcanzada sintieron ese vacío que perturba tu estabilidad emocional al saber que cumpliste un deseo que finalmente no te hizo feliz, y que, necesitas algo más… Siempre algo más,
Es entonces cuando entiendes que la búsqueda nunca terminará.
No, no existe polvo mágico, ni país de Nunca Jamás, no existen Reyes Magos ni Hadas Madrinas, no existen posiones ni antibióticos… No existe nada que induzca la felicidad perpetua en el cuerpo inconforme de un ser humano.
Pero…
Si existen los momentos perfectos, que te hacen sonreír como si fueras un niño pequeño.
Si existen las miradas que hablan solamente para regalarte un suspiro de satisfacción.
Si existen los abrazos que te arropan en un manto de seguridad casi divina.
Si existen los besos que te invitan a saltar las estrellas de un cielo que se vuelve pequeñito frente a tanto sentimiento de vacío que llena de emociones a cada átomo del cuerpo.
Por supuesto que existe la felicidad, la cosa está en que nosotros -los seres humanos- queremos hacer de esa felicidad una cadena de sucesos perdurables.
Pero vamos, pensémoslo de otra manera. Para estar felices, o para sentir la felicidad con toda propiedad, necesitamos NO ser felices… Y tal vez, me esté costando un poco explicarme.
Hablemos de las ausencias…
Por ejemplo, cuando sientes hambre y luego comes, puedes sentir como tus dientes mastican en auges de ansiedad casa pedazo de comida, puedes sentir como tu lengua degusta los diferentes sabores y como, tu garganta da la bienvenida al alimento que hará esfumar a esa sensación de hambre que luego se tornará satisfacción… felicidad. Esa misma felicidad que dura poco, que se convierte en olvido como si se tratara del viento surcando árboles, esa que te recuerda que durante un instante del día, en un instante de vida… fuiste feliz.
Y es así en todo los casos… para saberte feliz, necesariamente tienes que reconocer cuando no eres feliz… y quizá sí, es un tanto egoísta, eso de sentirte feliz de vez en cuando, pero vamos, nunca fue fácil encontrar el tesoro perdido en la Isla desierta.
Por otro lado, cuando esta madrugada se me ocurrió escribir sobre esa pragmática tendencia a buscar la felicidad, la personita que habita en mi cabeza me habló de dos tipos de felicidad, la que dura para siempre, la que dura solo instantes. Como de la segunda ya hemos hablado suficiente, es momento de indagar en la felicidad casi mitológica de tendencia perpetua.
Es difícil hablar de felicidad estando en áfrica –espero que no sea demasiado tarde ahora que lo escribo- es complicado determinar si a la gente en Kenya les haría feliz tener unos nuevos pares de zapatos o un nuevo Blackberry, o si, por el contrario, un plato de comida sería suficiente para cubrir con una sabana invisible ese sentimiento de ausencia que les permitiría saber que son felices, porque sonríen… sonríen con la mirada, con los labios, con el alma.
Es complicado determinar si un ascenso en el trabajo, una cena costosa con la persona que amas, o comprar un traje por más de la mitad del sueldo que ganas, les haría felices a ellos como nos hace felices a nosotros. Quizá, tener trabajo, cenar, y contar con ropa de textura suficiente para abrigarles en el frio aliento de una noche lluviosa, sea suficiente para hacerles olvidar la ausencia y comenzar a sentir eso, eso mismo, que debe ser la felicidad, que en momentos, te llevaa creer que vives en un mundo perfecto.
Y se me dificulta saber si ellos, como nosotros, sonreirían al ir a un cirujano luego de trabajar durante el periodo necesario para reunir los millones que cuesta aumentarse el tamaño de las tetas, o cambiarse la forma de la nariz porque no nos agrada la mezcla genética que procuraron nuestros padres, o sí, para ellos sería suficiente con costear las pastillas que les daría a sus hijos, hermanos, padres, tíos, o familiares, un momento más de vida, una cortísima batalla contra el SIDA, un día, una semana, un mes… VIDA.
No sé, tal vez sea cosa mía, y no es que quiera criticar a una de las culturas, pero es que a veces somos tan egoístas, y ojo, no con ellos –los africanos- porque sé que no podemos estar pendientes de cada persona con carencias en el mundo; somos egoístas con nosotros mismos… nos enfocamos demasiado en lo material, en la felicidad de momentos inconclusos, la felicidad que no es para siempre, la felicidad que no es más que una mentira, nos conformamos con la inconformidad que nos conduce a buscar una felicidad que nunca estará completa… y eso, amigos míos, da tristeza.
Ahora bien, hablemos de las diferencias.
Por ejemplo:
Decir te amo luego de un beso en el que tu alma de difuminó en el alma de tu amante, no es lo mismo que decir te amo luego de que tu amante te regalase algo costosísimo.
Sentirte bien luego de que te ascendieran en el trabajo porque tu sueldo se elevó considerablemente, no es lo mismo que sentirte satisfecho porque lograste con esfuerzo propio lo que tanto deseabas.
Alegrarte porque lograste comprar las pastillas costosísimas que te ayudarán a mantenerte con vida, no es lo mismo que alegrarte simplemente porque estás con vida.
Y sí, todos estos ejemplos están directamente relacionados, pero -y ojo que esto es importante-l a diferencia está en cómo enfoques la felicidad que sientes… si la enfocas en lo material, créeme, nunca estarás satisfecho.
Quizá, cuando no se tiene nada es más fácil entender cuán feliz puedes ser con poco.
Quizá, de la nada venga el agradecimiento cuando algo te hace sonreír.
Quizá, no es factible ser inconforme cuando eres tan pobre.
O quizá, es vergonzoso ser inconforme cuando lo tienes todo.
La verdad, yo no lo sé, ¿alguno de ustedes que hoy lee estás líneas lo sabe?
No es fácil, entender porque se es feliz y por qué no… Para mí, la felicidad perpetua es esa que sientes al recordar lo que te hizo feliz, es trasladarte al momento mismo en el que te codeaste con la felicidad y le diste la mano en agradecimiento… Es pensar en lo que sentiste al abrazar a tu madre, aquella vez hace tanto tiempo, y que ya no recuerdas por qué. Es viajar al pasado de los sentimientos, sin importar nada más.
La felicidad es sentir… Es sentir lo que sentiste, es volverlo a sentir.
La felicidad perpetua nunca fue y nunca será material… la felicidad es eso que guardas en silencio y con recelo, la felicidad es eso que no vale un solo centavo, es lo que sientes sin tocar, es lo que está y no ves…
Felicidad, sí, nueve letras que intentamos conjugar durante toda nuestra vida para sentir, solo eso:
Cuando los niños de Happy Home llegaron a Stellah, eran todos aún muy pequeños.
Cuando ese edificio baldío, que antes había sido un hospital, se convirtió en hogar, los primeros bendecidos fueron doce niños de la región, que pasaron a formar parte de una familia llamada Happy Home; y, con el pasar del tiempo, la familia fue creciendo.
Progresivamente, los doce niños se convirtieron en veintidós, y luego, los veintidós se convirtieron en veinticinco, para luego ser, treinta, y, finalmente, se convirtieron en treinta y dos hermanos y hermanas, más allá de la genética, sí, y más acá, en la convivencia, también.
Con el pasar de los años, los niños y niñas conocieron a muchas personas procedentes de diferentes países, quienes, también, pasaron a formar parte de su familia, desde el momento mismo en el que ellos –Los niños- comenzaron a llamarlos “Aunty” o “Uncle”.
Un día, una joven decidió emprender camino hacía ese lugar, esa familia y esa vida que se puede vivir solamente cuando se está en Happy Home.
Miles de kilómetros, muchas noches, varios días, estrellas fugaces, pájaros al ras del cielo infinito, nubes de esperanza, tierra enorme, tierra carcomida… tierra.
La joven venezolana había pasado mucho tiempo viajando en un caballo blanco hecho de acero y que surcó el cielo durante horas, minutos y segundos de ansiedad, para finalmente llegar a ese lugar lejano, muy lejano, donde se encontraba el hogar de los treinta y dos niños africanos a quienes ella visitaría, y quienes le darían, sin esperar nada a cambio, la mejor de las historias, para que ella la contara a muchas personas de reinos lejanos, y así, esas personas, serían capaces de sentir, respirar, mirar, escuchar y saborear esa historia, de quienes -los niños estaban seguros- muchos se enamorarían.
Luego de vivir un mes en la lejana pradera donde estaba ubicado el orfanato Happy Home, la joven que había venido desde muy muy lejos, más específicamente desde un reino llamado Venezuela, ya había aprendido mucho sobre la cultura, las tradiciones y la forma de vida con la que los niños y los adultos que estaban a su cargo, pasaban los días.
Ella había aprendido lo importante que era saludar a las personas día tras día, así como si no los hubiera visto en varias semanas. Ella, también, sabía la importancia de la iglesia en la vida de los africanos, y estaba absolutamente sorprendida por la devoción, la fe, y el agradecimiento, que muchos -Quienes no tenían absolutamente nada material en el mundo- le daban a Dios. La joven, conocía lo que significaba levantarse temprano en la mañana para ir a trabajar – Sin importar en qué: buscar agua, ir al colegio, vender verduras en la calle, coser, ser taxi, arrear la tierra, cocinar… - había entendido que en la vida no se trataba de hacer las cosas rápido sino de hacerlas, simplemente eso. La joven, había conocido niños muy maduros para la edad que tenían; niños responsables, y admirables, niños que jugaban a ser adultos, adultos que vivían en el cuerpo de los niños. Pero -y no por mencionarlo al final de este párrafo, menos importante- por sobre todas las cosas, ella, podía entender como una familia podía ser fundada por varios miembros de diferentes familias, y como, podía estar fundamentada en el amor y el respeto al prójimo.
Los niños del orfanato Happy Home, tenían una rutina de convivencia basada en la realización de actividades del hogar, el aprendizaje de lo fundamental para la supervivencia, y, la asistencia al colegio, para alimentar la esperanza de un futuro prometedor. Sin embargo, cuando el mes de agosto llegó, la escuela de los niños cerró por vacaciones, y ellos, se fueron a visitar a algunos familiares, dejando así, a la joven venezolana, vivir, en la casa de la enfermera que trabaja en el orfanato, durante tres semanas.
Durante esas tres semanas, la joven Venezolana se las ingenió para idear actividades a realizar cuando los niños estuvieran de vuelta en su hogar, que era también el hogar de ella. Asimismo, la joven puso mucho empeño en la fabricación de una casita de muñecas para que las niñas pudieran jugar con la libertad de transformar lo que había sido creado con bases en la cultura occidental de la joven venezolana, dándole así su toque africano. Las niñas pusieron telas sobre los muebles de la pequeña casa, y acoplaron las paredes de cartón, al mejor estilo africano; motivo por el cual, la joven venezolana se sintió absolutamente orgullosa. Por otro lado, y en compañía de Liesbet –Otra joven que había venido desde muy, muy lejos a visitar a los niños de Happy Home- la joven venezolana construyó –con cajas de cartón, y hojas de papel- un safari al mejor estilo Masaai Mara, con el qué los niños varones disfrutaban mucho al jugar.
Sin embargo, lo que más hizo la joven venezolana durante las tres semanas de ausencia de los niños del orfanato Happy Home, fue extrañarlos.
Cuando finalmente volvieron, la joven venezolana se sintió muy feliz de volver al hogar que todos había dejado hace poco menos de un mes, y que, se había convertido en simples paredes, sin las voces de los niños al reír, o el ruido que hacían al jugar.
El 25 de Agosto la joven venezolana cumplía veinticuatro años de edad, por ese motivo, ella decidió mostrarle a los niños del orfanato Happy Home, la manera en la que, se celebran los cumpleaños en Venezuela.
La joven hizo una piñata, que es, la manera más tradicional que tienen las personas que viven en los países de América Latina para celebrar los cumpleaños, aunque es más común en las fiestas de niños.
Además, Liesbet – La otra joven- ayudó a la joven venezolana a programar una serie de siete juegos que los niños tendrían que jugar durante todo el día, para así, lograr descubrir la palabra secreta de la fiesta, que al caer la noche, terminó siendo, piñata.
Los niños de Happy Home realmente disfrutaron al jugar juegos como Bingo, Twister, Tom and Jerry… Además de la celebración en general.
Al final del día, todos se fueron a dormir muy cansados, pero con un gran día para recordar.
When children came to Happy Home, they all were still very young.
When that empty building, which had previously been a hospital, became a home, the first blessed were twelve children of the region, who were the first ones to be part of a family called Happy Home. And, with the passage of time, the family grew.
Gradually, the twelve children became twenty-two, and then the twenty-two children became in twenty-five, to be later, thirty, and, eventually, those thirty kids, became thirty-two brothers and sisters, beyond genetics, yes, and very nearby of the living, too.
Over the years, the children met many people from different countries who also became part of their family, from the exact moment they -Children- began to call "Aunty" or "Uncle."
One day a young woman decided to take road to that place, to that family and that life that a person can live only when it is in Happy Home.
Thousands of miles, many nights, days, shooting stars, birds flush infinite sky, clouds of hope, enormous land, rotting land ... land.
The young Venezuelan, had spent much time traveling on a white horse made of steel and sailed through the sky for hours, minutes and seconds of anxiety, to finally get to that place far, far away, where was the home of the thirty- two African children whom she visited. Children who told to the young Venezuelan -without expecting anything in return- the best of the stories, so that she could tell that story to many people from distant kingdoms, and so, these people would be able to feel, breathe, look, listen and enjoy the story of -The children were sure- many people fall in love.
After living a month in the distant meadow where was located the Happy Home Orphanage, the girl who had come from very far away, more specifically from a kingdom called Venezuela, had learned much about the culture, traditions and way of life with children and adults who were in charge of them, lived every day.
She had learned how important it was to greet people every day, as if she had not seen them in weeks. She also knew the importance of the church in the lives of Africans, and she was absolutely amazed by the devotion, faith, and gratitude that many -Those who had absolutely nothing material in the world- gave to God. The girl also knew what it meant to get up early in the morning to go to work -No matter in what: fetch water, go to school, selling vegetables on the street, sewing, being a taxi driver, driving the land, cook… – She, also, understood that life was not about to do things fast, it was about do the things, just that.
The young Venezuelan had known very mature children for their age, children responsible and admirable, children playing at being adults, adults living in the body of children. But, -And not to mention the end of this paragraph, less important- above all those things, she could understand how a family could be founded by several members of different families, and how, could be based on love and respect neighbor.
The children of Happy Home orphanage, had a routine of coexistence based on household activities, learning the basics for survival, and school attendance, to feed the hope of a brighter future. But when August came, the children's school closed for holidays, and they went to visit some relatives, leaving to the young Venezuelan, living in the home of a nurse who works in the orphanage for three weeks.
During those three weeks, the young Venezuelan managed to devise activities to do when the children were back in their home, which was also her home. Also, she put much effort into making a dollhouse for the girls to play with the freedom to transform what had been established bases in Western culture of the young Venezuelan, giving it an African touch. The girls put paintings on the furniture in the small house, and docked the cardboard walls, in the best African style, which is why the young Venezuelan felt quite proud. On the other hand, and accompanied by Liesbet -Another young woman who had come from far, far away to visit the children of Happy Home- the young Venezuelan built from cardboard boxes and sheets of paper in the style safari Masaai Mara, in which the boys enjoyed a lot while playing.
When they finally returned, the young Venezuelan was very very happy to go home everyone had left for just under a month, and that had become mere walls, without the voices of children laughing, or noise that they made when they are playing.
On 25 August the young Venezuelan met twenty-four years old, for that reason, she decided to show the children of Happy Home Orphanage, the way that birthdays are celebrated in Venezuela.
She made a piñata, which is the most traditional way with people living in the countries of Latin America to celebrate birthdays, although it is more common in children's parties.
In addition, Liesbet -The other young woman- helped the young Venezuelan to schedule a series of seven games that the children would have to play all day, to discover the secret word of the party, which at nightfall, they knew it was: piñata.
Happy Home children really enjoyed playing games like Bingo, Twister, Tom and Jerry ... In addition to the celebration in general.
At the end of the day, everyone went to bed very tired but a great day to remember.