martes, 28 de septiembre de 2010

Existen dos tipos de felicidad…


                    La que te va a durar para siempre y la que no.
 
Otra vez se me ha ocurrido una idea en plena madrugada; y es que, al parecer, mi inconsciente necesita hacerse escuchar, cuando el resto del cuerpo desea descansar. Por mí, está muy bien, siempre y cuando me dé buen material, y que, por supuesto, luego de escribir la idea, pueda volverme a dormir sin pensar nada más.
Desde que estoy en Kenya me gusta reflexionar sobre los gajes y azares de la vida de una manera menos política, más humana… por ese motivo, tal vez, a mi yo somnoliento le dio por pensar en la felicidad como paradigma de vida.  
Y es que, pensémoslo juntos por un instante, quién no respira los días tratando de encontrar ese camino que los conducirá a la felicidad perpetua, al Santo Grial del cuerpo humano en su parte más emotiva, más psíquica, más intangible… sí, más humana.
Felicidad, nueve letras que hacen ver al infinito como un bebe de pecho… el deseo elevado al cuadrado, el supuesto deber ser que casi nunca es, la búsqueda perpetua de la Utopía de Moro en la Odisea de Homero… es el todo que nada es, es nada pretendiendo ser todo… Es imaginación, es fantasía, es verdad y es mentira, y es proyecto también; pero, lo incomprensible del asunto, es que puede llegar a ser decepción, sí, así mismo como se lee, puede llegar a ser fracaso, decepción, pérdida y tristeza… ¿Lo habían pensado de esta manera?     
Alguna vez tuvieron el deseo “perenne” de lograr una meta que -según ustedes mismos- los haría inmensamente felices, pero, una vez alcanzada sintieron ese vacío que perturba tu estabilidad emocional al saber que cumpliste un deseo que finalmente no te hizo feliz, y que, necesitas algo más… Siempre algo más,
Es entonces cuando entiendes que la búsqueda nunca terminará.
No, no existe polvo mágico, ni país de Nunca Jamás, no existen Reyes Magos ni Hadas Madrinas, no existen posiones ni antibióticos… No existe nada que induzca la felicidad perpetua en el cuerpo inconforme de un ser humano.
Pero…
Si existen los momentos perfectos, que te hacen sonreír como si fueras un niño pequeño.
Si existen las miradas que hablan solamente para regalarte un suspiro de satisfacción.
Si existen los abrazos que te arropan en un manto de seguridad casi divina.
Si existen los besos que te invitan a saltar las estrellas de un cielo que se vuelve pequeñito frente a tanto sentimiento de vacío que llena de emociones a cada átomo del cuerpo.
Por supuesto que existe la felicidad, la cosa está en que nosotros -los seres humanos- queremos hacer de esa felicidad una cadena de sucesos perdurables.
Pero vamos, pensémoslo de otra manera. Para estar felices, o para sentir la felicidad con toda propiedad, necesitamos NO ser felices… Y tal vez, me esté costando un poco explicarme.
Hablemos de las ausencias…
Por ejemplo, cuando sientes hambre y luego comes, puedes sentir como tus dientes mastican en auges de ansiedad casa pedazo de comida, puedes sentir como tu lengua degusta los diferentes sabores y como, tu garganta da la bienvenida al alimento que hará esfumar a esa sensación de hambre que luego se tornará satisfacción… felicidad. Esa misma felicidad que dura poco, que se convierte en olvido como si se tratara del viento surcando árboles, esa que te recuerda que durante un instante del día, en un instante de vida… fuiste feliz.
Y es así en todo los casos… para saberte feliz, necesariamente tienes que reconocer cuando no eres feliz… y quizá sí, es un tanto egoísta, eso de sentirte feliz de vez en cuando, pero vamos, nunca fue fácil encontrar el tesoro perdido en la Isla desierta.
Por otro lado, cuando esta madrugada se me ocurrió escribir sobre esa pragmática tendencia a buscar la felicidad, la personita que habita en mi cabeza me habló de dos tipos de felicidad, la que dura para siempre, la que dura solo instantes. Como de la segunda ya hemos hablado suficiente, es momento de indagar en la felicidad casi mitológica de tendencia perpetua.
Es difícil hablar de felicidad estando en áfrica –espero que no sea demasiado tarde ahora que lo escribo- es complicado determinar si a la gente en Kenya les haría feliz tener unos nuevos pares de zapatos o un nuevo Blackberry, o si, por el contrario, un plato de comida sería suficiente para cubrir con una sabana invisible ese sentimiento de ausencia que les permitiría saber que son felices, porque sonríen… sonríen con la mirada, con los labios, con el alma.
Es complicado determinar si un ascenso en el trabajo, una cena costosa con la persona que amas, o comprar un traje por más de la mitad del sueldo que ganas, les haría felices a ellos como nos hace felices a nosotros. Quizá, tener trabajo, cenar, y contar con ropa de textura suficiente para abrigarles en el frio aliento de una noche lluviosa, sea suficiente para hacerles olvidar la ausencia y comenzar a sentir eso, eso mismo, que debe ser la felicidad, que en momentos, te llevaa creer que vives en un mundo perfecto.
Y se me dificulta saber si ellos, como nosotros, sonreirían al ir a un cirujano luego de trabajar durante el periodo necesario para reunir los millones que cuesta aumentarse el tamaño de las tetas, o cambiarse la forma de la nariz porque no nos agrada la mezcla genética que procuraron nuestros padres, o sí, para ellos sería suficiente con costear las pastillas que les daría a sus hijos, hermanos, padres, tíos, o familiares, un momento más de vida, una cortísima batalla contra el SIDA, un día, una semana, un mes…  VIDA.  
No sé, tal vez sea cosa mía, y no es que quiera criticar a una de las culturas, pero es que a veces somos tan egoístas, y ojo, no con ellos –los africanos- porque sé que no podemos estar pendientes de cada persona con carencias en el mundo; somos egoístas con nosotros mismos… nos enfocamos demasiado en lo material, en la felicidad de momentos inconclusos, la felicidad que no es para siempre, la felicidad que no es más que una mentira, nos conformamos con la inconformidad que nos conduce a buscar una felicidad que nunca estará completa… y eso, amigos míos, da tristeza.
Ahora bien, hablemos de las diferencias.
Por ejemplo:
Decir te amo luego de un beso en el que tu alma de difuminó en el alma de tu amante, no es lo mismo que decir te amo luego de que tu amante te regalase algo costosísimo. 
Sentirte bien luego de que te ascendieran en el trabajo porque tu sueldo se elevó considerablemente, no es lo mismo que sentirte satisfecho porque lograste con esfuerzo propio lo que tanto deseabas.
Alegrarte porque lograste comprar las pastillas costosísimas que te ayudarán a mantenerte con vida, no es lo mismo que alegrarte simplemente porque estás con vida.
Y sí, todos estos ejemplos están directamente relacionados, pero -y ojo que esto es importante-l a diferencia está en cómo enfoques la felicidad que sientes… si la enfocas en lo material, créeme, nunca estarás satisfecho.  
Quizá, cuando no se tiene nada es más fácil entender cuán feliz puedes ser con poco.
Quizá, de la nada venga el agradecimiento cuando algo te hace sonreír.
Quizá, no es factible ser inconforme cuando eres tan pobre.
O quizá, es vergonzoso ser inconforme cuando lo tienes todo.
La verdad, yo no lo sé, ¿alguno de ustedes que hoy lee estás líneas lo sabe?
No es fácil, entender porque se es feliz y por qué no… Para mí, la felicidad perpetua es esa que sientes al recordar lo que te hizo feliz, es trasladarte al momento mismo en el que te codeaste con la felicidad y le diste la mano en agradecimiento… Es pensar en lo que sentiste al abrazar a tu madre, aquella vez hace tanto tiempo, y que ya no recuerdas por qué. Es viajar al pasado de los sentimientos, sin importar nada más.
La felicidad es sentir… Es sentir lo que sentiste, es volverlo a sentir.
La felicidad perpetua nunca fue y nunca será material… la felicidad es eso que guardas en silencio y con recelo, la felicidad es eso que no vale un solo centavo, es lo que sientes sin tocar, es lo que está y no ves…
Felicidad, sí, nueve letras que intentamos conjugar durante toda nuestra vida para sentir, solo eso:

                           
                                        SENTIR!!!


          

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