martes, 7 de diciembre de 2010

Nunca Jamás

A veces cuando rezo le pido a Dios que no me permita dejar de intentar…


Mi nombre es Ronald Ombwaya, durante toda vida he creído que los sueños se pueden alcanzar; O por lo menos, así lo he pensado desde que recuerdo.

Seis años atrás llegué al que ahora es mi hogar, donde muchos otros niños sin papas, nos recibieron –a mis dos hermanitos menores y a mí- como parte de su familia. A mi madre, solo puedo relacionarla con una enfermedad conocida como Malaria, no recuerdo su rostro, sus ojos, o si era alta. No recuerdo su sonrisa, y gracias a Dios tampoco sé cómo eran sus lágrimas. Ella se llamaba Lydia, yo siempre pensé que tenía un nombre muy bonito. A mi padre bien lo conocí, la rabia en sus ojos, su áspera mano sobre mis hombros y esas palabras gritadas que nunca han querido escapar de mi memora, están aquí conmigo, incluso cuando ni yo mismo sé dónde estoy. Hace mucho que no lo veo.

Con Dios hablo muy seguido, en la mañana al despertar, durante algún momento de distracción en la escuela, mientras lavo la ropa o cuando ayudo a cortar los vegetales para la cena. Dios siempre ha estado conmigo, lo sé porque puedo sentirlo.

Algún tiempo atrás un joven forastero de tez blanca como las nubes nos contó una historia de hadas, niños que no crecían y un tal Peter Pan. A mí me gustó saber de esos mundos extraños, y me permití creer que existían las hadas, el polvo mágico que permite a los niños volar y en el país de Nunca Jamás. Cuando era niño solía escarpar por la ventana de aquél viejo orfanato sorteando estrellas al ras de un dorado polvo mágico que dejaba huellas a los viajeros que vinieran detrás, a los que entre sonrisas se atreviesen a volar... Y era feliz, cada vez que visitaba Nunca Jamás, era feliz... Sonreía. 

Imaginen. Jugar al fútbol con las viajas botas de vaquero que un desconocido me obsequió sin saberlo, pintar casitas de techos rojos bajo un enorme cielo soleado, aprender a tocar guitarra, correr a la deriva, y, por sobre todas las cosas, creer que es posible eso de ser niño para siempre. Ese era yo, diez años atrás. 

La vida me ha enseñado a vivir dentro de dos mundos paralelos. Soy Roland el adulto, y sin importar los años que me quedan por vivir, soy también, Ronald el niño. De vez en cuando, me parece que estoy jugando a ser niño, y que me he tomado la libertad de pedirle a mi yo adulto, que espere por un momento mientras vuelo como Peter Pan a ese lejano país.

Sin embargo, siempre supe que Nunca Jamás no existe. El yo adulto que la vida me obsequió cuando aún era niño me lo confesó en susurro, mientras mi yo niño luchaba por ignorarle.

No suelo ser el tipo de persona que deja de intentar y no me importa que una parte de mí, pida a gritos que reconozca como una falacia a ese mundo de hadas mágicas, porque yo sí creo en el futuro, creo en los cambios y creo que es posible alcanzar esos sueños que en este mundo de adultos en el que vivo, parecen tantas veces inalcanzables…

Ayer una mujer blanca me preguntó qué quiero estudiar en la universidad.

- “Vamos, que estamos en Kenia”- Pensé en primera instancia.

No obstante, respondí. – y no solo por responder, como suelen hacer muchos en mi país- Respondí con mi corazón en la mano, procurando que algún día mi deseo se haga realidad.

- ¡Piloto!-


A veces cuando rezo le pido a Dios que no me permita dejar de intentar, eso de alcanzar…

 …Mi “Nunca Jamás”.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Así comí en Kenya

Variedad de granos que tienen en la Villa de Stellah
                                     
El Mercadito de Stellah

Chapatis
 Chapatis

Bananas y Maní
                                                                  

Maní Tostado y té africano
                                                              

 Azucar (tipo papelon)
                                                              

 Arroz con granos
                                                                   
El famoso Ugali
                                                      

¿Por qué ser voluntario?

Hace poco un amigo me pidió que le contara el motivo que me llevó hasta África a hacer voluntariado, con la finalidad de publicarlo en una página web destinada a encontrar nuevos voluntarios, y así mismo, encontrar patrocinantes para dichos voluntarios; a continuación les contaré eso que le conté a él.


                                                                                                                          10 de Octubre del 2010


Podría comenzar diciendo que mi nombre es Giuliana Ippoliti Bandes, tengo veinticuatro años de edad, soy de nacionalidad venezolana y me licencié en Estudios Internacionales en el mes de Noviembre del año pasado.

Podría acotar también, que siempre me he caracterizado por tener una visión muy idealista de la vida. Soy una mujer positiva que procura buscar siempre la manera de entender las causas y azares del mundo, sin enfocarme, o mejor -para decirlo diferente- sin enfrascarme en los pesares que obligan a muchas personas a resignarse con aceptar que el mundo nunca va a cambiar y que no es posible ganar esa batalla ancestral contra el mal; ¡Sí! ese mal que proviene de la mano humana, de la mente humana, que sabe como destruir construyendo y que conoce muy bien esos teoremas de hacer dinero a través del sufrimiento ajeno. Por ello, al parecer sin que nadie se diera cuenta, el hambre se convirtió en el negocio del hambre, las enfermedades en el negocio de las enfermedades, la pobreza en el negocio de la pobreza y la guerra en el negocio de la guerra. Y fue por esa razón, que algunas personas se convirtieron victimas y otras en victimarios, dejando así un espacio vacío (pero jamás de olvido) para aquellos que decidieron llenarlo ayudando.

Fotografía de Carlos Seantis


Por esta razón, y a pesar de que “podría” comenzar a escribir estas líneas como lo hice, prefiero dirigirme a ustedes de la siguiente manera:

***

Siempre he tenido la convicción de que al escribir cualquier documento con el que desees dirigirte a un “publico”, debes procurar comenzar con una frase de impacto, es por eso, que les quiero invitar a reflexionar sobre la siguiente afirmación.


“Porque el mundo puede ser un mejor lugar para vivir”
Sí, para vivir, no para existir.



Cuando en enero del presente año decidí hacer trabajo voluntario en África, procuré emitir para mí misma una reflexión que tuviera la fuerza suficiente para ayudarme a afrontar cualquier dificultad que se me presentara en el camino, y aún más, para ayudarme a entender el porqué de esa necesidad que yo sentía de ayudar a los demás.

Nunca se me ocurrió que podía ganarme un espacio en el cielo por hacer lo que hago, y lo menciono ahora, porque al parecer, eso es en lo primero que piensan las personas que me conocen y saben que estoy en un orfanato de Kenia haciendo trabajo voluntario. Tampoco vine pensando que podría cambiar todo lo malo que conocería estando aquí. Yo sé perfectamente que los superhéroes están en los libros y películas de ciencia ficción, y que, la realidad -por más idealista que yo sea - es otra. Ni siquiera procuré viajar con la finalidad de transformar la realidad en la que vivían los treinta y dos niños del Orfanato Happy Home, ya que las costumbres y la cultura, son patrimonios tan indelebles en el ser humano, como la tierra es al territorio que conforma un país.

Fotografía de Sebastiao Salgado

Entonces fue cuándo pensé en la palabra vivir.

Vivir como como un verdadero ser humano. Vivir como persona. Vivir viviendo. Vivir soñando.

Pero...

¿Qué significa vivir? ¿Qué necesitas para vivir? ¿Es posible hacer del mundo un mejor lugar para vivir?

Hay quien dice que si todos los seres humanos tuvieran la devoción de aportar un granito de arena para enaltecer la palabra bondad y sensibilizar el significado mismo de SER humano, se podría generar una realidad muy diferente de la que hoy todos nosotros conocemos, y yo creo en eso. En los pequeños cambios, los pequeños resultados, y creo que esas pequeñas variaciones en las personas, representan el verdadero punto de impacto. Entonces, y a lo que me refiero es que, si de verdad se tiene el deseo de ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, se debe procurar que ese cambio no absorba todo aquello por lo que trabajas, todo aquello en lo que crees, todo aquello que eres.

Desde que estoy haciendo trabajo voluntario en Happy Home he sido testigo de cómo he evolucionado yo estando con los niños y cómo han evolucionado ellos estando conmigo; nosotros, ninguno, somos los mismos.

 Jackie

Y me llena de orgullo escribirles para contarles cómo aprendí a vivir sin que lo material fuese el factor más importante en mí día a día. Cómo entendí que mucho es poco y que poco, también, es mucho. Cómo, de la nada, la sonrisa de un niño te llena el día de una alegría mágica. Cómo entender que lo “imposible” tiene mucha más realidad que cualquier “posible” lógico y absurdo a la vez, tan lejano y cercano, tan evidente, tan todo, tan desapercibido.

Irene Kavere

Aprendí, que aún sin tener nada puedes ser feliz, que la fe es el mejor escudo contra los males y pesares, y que siempre, en la adversidad, habrá alguien dispuesto a ayudarte.

Night y Afandi jugando subi y baja con
un trozo de madera montado en una piedra.

Sin embargo, -y quiero ser muy clara en la siguiente reflexión- cuando se tiene el deseo de ayudar al prójimo, se debe tener en cuenta eso de lo que les he venido hablando con respecto a ayudar a mejorar “el vivir”. Me explico: Probablemente muchos de ustedes sabrán que Kenya es un país situado al Este de África, donde más de la mitad de la población vive –sobrevive- con menos de un dólar al día; Es un país que presenta altos incides de personas con VIH, y que, un gran número de estas personas son niños, quienes probablemente no llegarán –siquiera- a la adultez; Es un país con altos índices de inflación, cercado por conflictos sociopolíticos que de alguna manera han respaldado lo actos de corrupción con los que se enaltecen algunos políticos de “primera categoría”, es un país en el qué las personas que no viven en las grandes ciudades deben abastecerse con agua de lluvia o de ríos, la cual no es procesada, y por ende, suele causarles ciertas enfermedades, es un país asechado por la Malaria en todas sus categorías, pobre, necesitado y a veces, podría decirse que, abandonadoPero las cifras son cifras, el hambre, el dolor y la necesidad NO se miden con cifras porque los números no tocan corazones; los problemas hay que sentirlos, hay que vivirlos, para así, poderlos entender.

Es posible que algunos sepan que la parte del ser humano más necesitada de motivación es el espíritu. No se trata de ayudar en lo material solamente. Es decir, no se trata de donar útiles escolares a una escuela, se trata de ir a la escuela y enseñar. No se trata de dar dinero a quien lo necesite, se trata de enseñarle a trabajar. No se trata solamente de regalar algo, se trata de enseñar a cuidar. Por eso, como no todos pueden dedicar su vida a esta labor, usted que me lee, usted que quiere ayudar; puede contribuir a que muchas de las personas que han decidido ocupar el espacio de quienes desean ayudar directamente a los que pocas veces son escuchados, tengan la posibilidad de hacerlo.

Una vez se le escuchó decir a Nelson Mandela que “La educación es el arma más poderosa que puedes utilizar para cambiar al mundo”, yo parto del mismo principio.

Ayudar a existir es dar y olvidar.
Ayudar a vivir es dar y enseñar a recordar.


Recordar que está en tus propias manos cambiar todo lo que sea necesario para alcanzar el bienestar.

Mi lema es enseñar, mi lema es creer que es posible.

                                                                                                                    
Giuliana Ippoliti Bandes-Venezuela.



jueves, 2 de diciembre de 2010

GiulianaIppoliti - Desde Kenia: ¿Por qué ser voluntario?

El amigo Rodrigo Quiros, ha dedicado un site para la ayuda humanitaria. Los invito a visitarlo. Siempre es bienvenida una mano amiga... La colaboración.
http://costaricaforestry.com/home.php

martes, 5 de octubre de 2010

When the children play to being adults

Many of the children who lived in that distant kingdom called Venezuela, liked to spend their hours of fun pretending to be adults.

 

The children who lived in that kingdom far far away, liked to play to be doctors, businessmen, teachers, journalists, or, in general, they like to choose the "profession" that their parents exercised.

Many of the children of the Kingdom of Venezuela believed that if you dreamed of being somebody in life -No matter how difficult it may seem- one day the dream would come true. 

However, another group of children were not. These children had the need to combat what seemed that fate had proposed as a way of life, they had the challenge of transforming the future to make it much more adaptable to these fantasies that even as children they had. They didn’t have the social facilities that their parents could provide for learning and transform that children play on an adult reality… A reality that made them happy, capable and invincible as theses superhero that in the afternoon they watched on television.

To the satisfaction of many resource-poor farmers, their children, who had decided to go find Neverland, had returned with the story of how they managed to consolidate the feat to change their own stars, having struggled with the huge and evil dragon that some used to be called "conformity" and some others preferred name "resignation" and that all, absolutely all members of the different kingdoms far far away feared.
It was not an unfettered history, but some people believed, that who had the courage to dare, was very, very possible, that dreams of returning with a hand drawn and decorated with a great smile.

But the world had a lot of invisible borders, many different cultures, endless land, indelible generations, law, society, history...

For that reason, at times, it was necessary that people from different kingdoms, take a small moment of time to look beyond the mountains that surrounded their land.
Very far from that kingdom called Venezuela, was a kingdom called Kenya, where many white knights and unique maidens, had decided to travel to explore the wonders, that Kingdom from Kingdoms, they could hear about that place was called Kenya.

In that far, far away Kingdom -Black and surrounded by a history of colonization and battle between brothers and sisters, ethnically different, but at the end of the story, brothers and sisters- could hear how some lackeys have different life stories of those who lived there.

After trying to sail the seas to the land of the village of Stella, many outsiders were interested in learning about the cultures that made their Kingdoms so different, and the stories they had marked the life of the people.

Once, an old servant told the following story:

Aska Pili lived at the top of a hill at a place called Happy Home, she was a girl of about thirteen years old, tall and thin, excited eyes sparkled and a smile so huge as the immensity of the sea in its infinite consciousness. Abibo -whose real name was Dady- and Babu were the younger brothers of Aska; their, despite the friendship between brothers, maintained a close relationship with her older sister.

Aska was a small mom when it came to the relationship that she had with her younger siblings. Aska was an adult in the body of a child, a girl playing at being an adult.

In the evenings, when the children returned from the school, like all children who were living in Happy Home Orphanage, Aska was responsible for washing her own clothes, but also she had to wash clothes of her younger brothers. Almost always could be heard Aska shouting: "Abibooooooo" in order for her small brother to give her the dirty clothes, so she could start her routine.

Sometimes it seemed that Aska felt deeply the freedom of being a child when she was at school, but when she came home, somehow, was transformed into the adult woman who had a sincere devotion to the welfare of her brothers.

The children of the orphanage usually express that Aska capacity to love her brothers, because she always saw concerned about issues that concerned them.

Occasionally, some of Auntys caretakers for children in the orphanage, scolded Aska for see her cleaning the room when it was time for her brother Babu. Apparently, caring for their siblings, had become part of the routine that someone likes to call life, and feel good being with them, worry about them, and live for them, was all that mattered to this littler girl of thirteen years old, who likes to play at being an adult, who likes to play at being mother.

The small mom called Aska had won the heart of Aunty Giuliana, not only for demonstrate that love had no borders or paradigms, but by taking a role as beautiful and unique, to prove that life is nothing but the love you give to live it, and believe in their power to improve the welfare of her siblings, children at times, family always and forever.

Aunty Giuliana was quite proud of Aska, and she felt very grateful that this girl from the far, far away kingdom had betrayed her, even inadvertently, a message of love equals:

Do good without expecting anything in return, love without expecting anything in return, believe without expecting anything in return, dream without expecting anything in return, and live without expecting anything in return.


Aska Pili was a girl who lived a far, far away kingdom, huge, pure and needy, full of unfinished dreams, hope and great faith.

Aska Pili, was the girl who played at being an adult every day of her life, following, perhaps, the only example that the woman who gave her life, left her before she died, being a mother. Aska Pili, the mother, the sister, the friend, the partner, and, the child...

Was a wonderful human being, full of humility, gentleness, and great enthusiasm.

Cuando los niños juegan a ser grandes


A muchos de los niños que habitaban en aquél lejano Reino llamado Venezuela, les gustaba pasar las horas de diversión pretendiendo ser adultos.

A los niños que vivían en aquél Reino muy, muy lejano, les gustaba jugar a ser doctores, empresarios, maestros, periodistas, o, por lo general, elegían “ejercer” la carrera que sus padres ejercían.
Muchos de los niños del Reino de Venezuela, creían que si soñaban con ser alguien en la vida -a pesar de los pesares- algún día el sueño se haría realidad; Sin embargo, para otro grupo de niños no era así. Estos últimos tenían la necesidad de luchar contra lo que parecía que el destino les había propuesto como forma de vida, tenían el reto de transformar el futuro para hacerlo mucho más adaptable a esas fantasías que aun siendo niños, tenían. Ellos –los menos afortunados, en el sentido referido únicamente al dinero- no contaban con las facilidades sociales que sus padres pudieran brindarles para permitirles estudiar una carrera y transformar aquél juego de niños en una realidad de adultos, una realidad que los hiciera felices, capaces, y, tan invencibles como los superhéroes que por las tardes veían en la televisión.
Para la satisfacción de muchos campesinos de escasos recursos, sus hijos, quienes habían decidido salir a buscar la tierra de nunca jamás, habían regresado con la historia de cómo lograron consolidar la proeza de cambiar sus estrellas, tras haber batallado con el enorme dragón que algunos solían llamar “conformismo” y que algunos otros preferían nombrar “resignación” y al que todos, absolutamente todos los miembros de los diferentes Reinos Lejanos temían.
No era una historia irrestricta, pero, se decía que para quién tenía la valentía de atreverse, era muy, muy posible, eso de regresar con los sueños tomados de una mano y adornados con una grandiosa sonrisa.
Pero el mundo tenía muchas fronteras invisibles, muchas culturas diferentes, tierra infinita, generaciones indelebles, leyes, sociedades, historia…
Por esa razón, en oportunidades, era necesario que las personas de los diferentes Reinos, se tomaran un pequeño instante del tiempo para mirar más allá de las montañas que cercaban sus tierras.
Muy, muy lejos de aquél Reino llamado Venezuela, se encontraba un Reino llamado Kenya, a donde muchos blancos caballeros y singulares doncellas, habían decidido viajar para explorar las maravillas que de Reino en Reino se podía oír decir que aquel lugar llamado Kenya tenía.
En aquél Reino lejano -negro y cercado por una historia de colonizaciones y batallas entre hermanos, étnicamente diferentes, pero al fin y al cabo hermanos- se podían escuchar a algunos lacayos contar las diferentes historias de vida de quienes allí habitaban.
Tras intentar surcar los mares hasta llegar a la tierra de la Villa de Stellah, muchos forasteros se interesaban en conocer las culturas que hacía a sus Reinos tan diferentes, y las historias que habían marcado la vida de la gente.
Una vez, se escuchó a un viejo lacayo contar la siguiente historia:

A
ska Pili vivía a lo alto de una Colina en un lugar llamado Happy Home, ella era una niña de aproximadamente trece años de edad, alta y delgada, de maravillosos ojos ilusionados y una sonrisa tan gigantesca como la inmensidad del mar en su infinito a conciencia. Abibo –cuyo verdadero nombre era Dady- y Babu eran los hermanos menores de Aska; ellos, a pesar del compañerismo entre hermanos varones, ellos mantenían una relación muy cercana con su hermana mayor.
Aska era una pequeña mamá cuando se trataba de la relación que mantenía con sus hermanitos menores. Era una adulta en cuerpo de niña, una niña jugando a ser adulta.
Por las tardes, cuando volvían del colegio, como todos los niños que vivían en Happy Home, Aska tenía la responsabilidad de lavar su ropa, pero además, ella tenía que lavar la de ropa sus hermanos menores. Casi siempre se le podía escuchar gritando a los cuatro vientos un estruendoso: “Abibooooooo” con la finalidad de que el niño le diera la ropa sucia, y así ella pudiera comenzar su rutina.
Algunas veces, daba la impresión de que Aska sentía profundamente la libertad de ser una niña cuando estaba en el colegio, pero, cuando volvía a casa, de alguna manera, se transformaba en esa mujer adulta que tenía la devoción sincera de velar por el bienestar de sus hermanos.
Los niños del orfanato solían expresar sin tapujos esa capacidad que tenía Aska de amar a sus hermanos, porque siempre se le veía preocupada por los asuntos que los involucrara a ellos.
De vez en cuando, alguna de las Auntys encargadas de cuidar a los niños en el orfanato, le llamaban la atención por verla limpiar el comedor cuando era el turno de su hermano Babu.
Al parecer, cuidar a sus hermanos, se había vuelto parte de esa rutina que a algunos les gusta llamar vida; y sentirse bien estando con ellos, preocuparse por ellos, y vivir para ellos, era todo lo que le importaba a esta niña de trece años que jugaba a ser adulta, que jugaba a ser mamá.
La pequeña mamá, se había ganado el corazón de aunty Giuliana, no solo por demostrar que el amor no tenía fronteras o paradigmas, sino por asumir un rol tan hermoso e inigualable, por demostrar que la vida no es más que el amor que entregas al vivirla, y por creer que estaba en sus manos mejorar el bienestar de sus hermanitos, hijos por momentos, familia desde siempre y por siempre.
Aunty Giuliana estaba absolutamente orgullosa de Aska, y se sentía muy agradecida porque esa niña procedente de aquél Reino Lejano le había entregado, incluso sin saberlo, un mensaje de amor inigualable:
Hacer el bien sin esperar nada a cambio, amar sin esperar nada a cambio, creer sin esperar nada a cambio, soñar sin esperar nada a cambio, y, vivir sin esperar nada a cambio.
Aska Pili, era una niña que vivía un Reino lejano, inmenso, puro y necesitado, lleno de sueños inconclusos, esperanza y mucha fe.
Aska Pili, era la niña que jugaba a ser adulta cada día de su vida, siguiendo, tal vez, el único ejemplo que le dejó la mujer que le dio la vida antes de morir, ser madre.
Aska Pili, la mamá, la hermana, la amiga, la compañera, la niña…

Era un ser humano maravilloso, lleno de humildad, ternura, y mucha ilusión.

                                                                                                       Aska 


                                                                                                     Abibo

Babu

martes, 28 de septiembre de 2010

El regreso de Nairobi




Hasta parecerá un poco loco escribir una entrada sobre el día en que regresé de Nairobi, sin antes hablarles de lo que hice en Nairobi, pero es que no me puedo esperar, fue un sueño, fue mágico, fue uno de los mejores momentos de mi vida.
Les prometo que les hablaré de Nairobi, para todo hay tiempo en esta vida.
Ayer llegue de Nairobi aproximadamente a las siete y media de la noche, en ese preciso momento del día en el que la gente del orfanato dice que es peligroso estar en la calle –aunque a mí Venezuela me sigue pareciendo más peligrosa- en ese momento en el que los niños del orfanato están terminando de cenar y preparándose para hacer las tareas, en ese, en ese preciso momento.
Cuando entré al orfanato vi a Sheilla a lo lejos, dentro de la casa, leyendo algún poster de esos que cuelgan en la pared… y con un grito con tendencia a susurro pronuncie su nombre mientras me escondía tras las plantas que adornan la fachada del edificio… La escuché correr.
Seguí caminando hacía la cocina donde supuse –por la hora- debían estar la mayoría de los niños, y así fue.
Cuando me vieron comenzaron a correr hacía mí para recibirme con un abrazo.
Fue un momento mágico, un instante de amor puro, de ilusión, de agradecimiento, mucha más que simples sentimientos.
Fue uno de los mejores instantes de mi vida, de esos que espero no olvidar nunca jamás. Que espero recordar siempre, como ahora, casi entre lágrimas, con el corazón apretado, con el amor elevado a mil.
Mietras Sheilla me abrazaba y besaba por tercera vez, Collins se acercó a mí para decirme que ellos ahora estaban bien porque yo estaba de vuelta.
“Thank you Aunty”
Yo creo que no me alcanzará la vida para decirles
¡¡¡Gracias!!! 
Ellos me han dado mucho más de lo que se pueden imaginar
Y yo, estoy enamoradísima.

¿Qué con la esperanza?


Quizá esté equivocada, pero sé que probablemente la mayoría de las personas que lean el título de la siguiente nota pensarán en primera instancia, que he querido dedicarle estas líneas a esa bondadosa sensación de esperar paciente por un futuro mejor.
Yo, por el contrario, cuando decidí escribir sobre la esperanza, la primera palabra que se me vino a la mente fue: Cambio.
Y con esta palabra, un montón de preguntas con respuestas absolutamente relativas, comenzaron a desvariar en mi cabeza.
¿Qué es el cambio? ¿Qué significa cambiar? ¿Son siempre buenos los cambios? 
Y, también pensé, en la siguiente palabra: Espera.
No sin luego preguntarme:
¿Cuán bueno puede ser para una persona pasarse la vida esperando algo?
Cuando uno intenta buscar en google el significado de la palabra “esperanza”, puedes encontrar páginas web con los siguientes mensajes:
“La esperanza no es fingir que no existen los problemas, es la confianza de saber que estos no son eternos, que las heridas curarán y las dificultades se superarán”
Pero… ¿Qué pasaría si no es así? ¿Qué pasaría si se nos va la vida entera esperando que todo mejore?
En África hablar de esperanza es hablar de fe, y la fe, créanme, es la regente de la vida de los ciudadanos que habitan esta tierra “negra”, tan inmensa y hermosa a la vez, tan pura y bendita, tan carente... Tan llena de esperanza.
Podría escribir la siguiente afirmación: “La gente que espera”.
Y darles unos segundos para que reflexionen al respecto…
                                                                                                              ***
¿Listo?
Ya yo me lo pensé bien, y me parece cruel. ¿La gente que espera qué?
Podría decirles algo sobre la esperanza cuando está en las manos de las personas procurar el cambio. Por ejemplo, cuando alguien desea tener una casa más grande, o un carro nuevo, cuando alguien desea viajar al extranjero, o montar un negocio… Cuando las condiciones del lugar (País, Estado o Pueblo) donde vives se prestan para que tú esperanza algún día deje de ser deseo y se convierta en realidad… Entonces, la esperanza podría ser mera motivación para procurar un cambio positivo en la vida de quien así lo desea. 

Sin embargo, en muchos casos no es tan cuento de hadas como escribí en el párrafo anterior… A veces, la gente se aferra a imposibles; otras veces, el deseo que se siente por algo, no te permite ver otras posibilidades; y así, un montón de paradojas asimiladas únicamente con el resultado insensato de volver infelices a los sobrevivientes.
Pero, en otro caso.
África
¿Qué con la esperanza?

¿Qué significa vivir esperanzado en un país como Kenia?
Irte a dormir soñando que mañana el día será diferente, que vendrá alguien, y sin ningún interés en particular, te dará comida. Qué por algún motivo, Dios enviará a un alma caritativa que tomará al hijo necesitado y lo llevará a un país desarrollado donde podrá tener un mejor estilo de vida. Qué, de la nada, recibirás ayuda monetaria para solventar cualquiera que sean las carencias que te impiden abandonar esa fechoría que a algunos, les gusta llamar esperanza.
Y sí, no estoy de acuerdo con hablar de esperanza en un continente como África.
Me parece injusto que la gente se aferre a un imposible, a un mañana mejor, a un futuro diferente… Me suena a blasfemia, cuando la iglesia eleva plegarias de esperanza por un pueblo pobre que no recibe más que eso, plegarias. 
Tal vez, para la gente aquí sea algo diferente, porque ellos tienen la necesidad de creer en Dios, de rezarle, de saber que son escuchados y que el hambre, el SIDA, la malaria o alguna guerra étnica, no les darán el pase gratuito a esa otra vida, que por cierto, otros cuantos se esperanzan con tener.
Siempre he dicho que la gente tiene la necesidad de creer que existe un alguien superior, que les escucha y les puede ayudar, y he aceptado que en circunstancias especiales, ese “alguien” no es exclusivamente un ser divino… He ahí, el por qué de tanta guerra en el mundo. Porque, por ejemplo, cuando un pueblo comienza a adorar a un líder con la esperanza de que este les brinde un mejor porvenir, la mayoría de las veces, esas mismas adulaciones terminan con sangre.
No es fácil poner tú esperanza en las manos de otra persona, pero, es aún más difícil, poner tú esperanza en tus propias manos sabiendo que -muy probablemente- será imposible procurar un cambio.
Y quizá esté bien –eso de esperanzar a la gente diciéndole que un día, quién sabe cuándo, todo será diferente- yo no lo sé, lo que sí sé, es que me parece absolutamente atroz.
Pero, por otro lado…
¿Y la gente que acepta?
Esos que saben que no tienen posibilidad alguna de cambiar, que saben que han nacido pobres y morirán pobres; los saben que su calidad de vida no mejorará; los que aceptan su mundo tal y como es, los que agradecen a Dios por estar vivos, por respirar y tener lo suficiente para sobrevivir día tras día… Esos, ¿Son acaso peores seres humanos por no soñar imposibles? ¿Son frustrados por conformarse con posibles? ¿Son extractos de ausencias? ¿Son paradojas de existencia? ¿Son extraños? ¿Son humanos?   
Buscando en google también encontré lo siguiente:
“Aunque vivamos en una mansión de cuarenta cuartos, rodeados de riquezas y siervos, o luchemos mes a mes para pagar el alquiler. Tenemos el poder de estar totalmente satisfechos y vivir una vida con verdadero significado”
A veces, cuando nos creemos tan acertados en nuestros razonamientos, deberíamos detenernos un instante a pensar en los demás. Pero ojo, no en esos otros que tenemos al lado, no en tus amigos o en el vecino; me refiero a los demás, a los otros compatriotas que conforman junto a ti, eso que se conoce como la raza humana. Sí, esos que se encuentran a miles de kilómetros de ti, esos de culturas diferentes, esos de piel diferente, esos mismos a quienes ignoras. 
Y quiero, de verdad quiero, analizar el fragmento del párrafo que conseguí en google.
A ver:
Masión propia o casa alquilada… en el caso especifico de Kenia, algunas personas no tienen casa, algunas otras, tienen casas hechas de bolsas plásticas o de barro. Pero, un momento, en Venezuela también, así como en muchos países latinoamericanos, africanos, asiáticos, y, en ciertos casos especiales en EEUU y Europa.
Ajá...
“Contar con una vida con verdadero significado”
Quién sepa cuál es el verdadero significado de la vida, le ruego, por favor, que me deje un comentario en esta entrada explicándomelo. Trabajar, casarte y tener hijos… No es una opción.
¿Cuál es el verdadero significado de la vida?

A ver quién me ayuda a entenderlo.
 

Existen dos tipos de felicidad…


                    La que te va a durar para siempre y la que no.
 
Otra vez se me ha ocurrido una idea en plena madrugada; y es que, al parecer, mi inconsciente necesita hacerse escuchar, cuando el resto del cuerpo desea descansar. Por mí, está muy bien, siempre y cuando me dé buen material, y que, por supuesto, luego de escribir la idea, pueda volverme a dormir sin pensar nada más.
Desde que estoy en Kenya me gusta reflexionar sobre los gajes y azares de la vida de una manera menos política, más humana… por ese motivo, tal vez, a mi yo somnoliento le dio por pensar en la felicidad como paradigma de vida.  
Y es que, pensémoslo juntos por un instante, quién no respira los días tratando de encontrar ese camino que los conducirá a la felicidad perpetua, al Santo Grial del cuerpo humano en su parte más emotiva, más psíquica, más intangible… sí, más humana.
Felicidad, nueve letras que hacen ver al infinito como un bebe de pecho… el deseo elevado al cuadrado, el supuesto deber ser que casi nunca es, la búsqueda perpetua de la Utopía de Moro en la Odisea de Homero… es el todo que nada es, es nada pretendiendo ser todo… Es imaginación, es fantasía, es verdad y es mentira, y es proyecto también; pero, lo incomprensible del asunto, es que puede llegar a ser decepción, sí, así mismo como se lee, puede llegar a ser fracaso, decepción, pérdida y tristeza… ¿Lo habían pensado de esta manera?     
Alguna vez tuvieron el deseo “perenne” de lograr una meta que -según ustedes mismos- los haría inmensamente felices, pero, una vez alcanzada sintieron ese vacío que perturba tu estabilidad emocional al saber que cumpliste un deseo que finalmente no te hizo feliz, y que, necesitas algo más… Siempre algo más,
Es entonces cuando entiendes que la búsqueda nunca terminará.
No, no existe polvo mágico, ni país de Nunca Jamás, no existen Reyes Magos ni Hadas Madrinas, no existen posiones ni antibióticos… No existe nada que induzca la felicidad perpetua en el cuerpo inconforme de un ser humano.
Pero…
Si existen los momentos perfectos, que te hacen sonreír como si fueras un niño pequeño.
Si existen las miradas que hablan solamente para regalarte un suspiro de satisfacción.
Si existen los abrazos que te arropan en un manto de seguridad casi divina.
Si existen los besos que te invitan a saltar las estrellas de un cielo que se vuelve pequeñito frente a tanto sentimiento de vacío que llena de emociones a cada átomo del cuerpo.
Por supuesto que existe la felicidad, la cosa está en que nosotros -los seres humanos- queremos hacer de esa felicidad una cadena de sucesos perdurables.
Pero vamos, pensémoslo de otra manera. Para estar felices, o para sentir la felicidad con toda propiedad, necesitamos NO ser felices… Y tal vez, me esté costando un poco explicarme.
Hablemos de las ausencias…
Por ejemplo, cuando sientes hambre y luego comes, puedes sentir como tus dientes mastican en auges de ansiedad casa pedazo de comida, puedes sentir como tu lengua degusta los diferentes sabores y como, tu garganta da la bienvenida al alimento que hará esfumar a esa sensación de hambre que luego se tornará satisfacción… felicidad. Esa misma felicidad que dura poco, que se convierte en olvido como si se tratara del viento surcando árboles, esa que te recuerda que durante un instante del día, en un instante de vida… fuiste feliz.
Y es así en todo los casos… para saberte feliz, necesariamente tienes que reconocer cuando no eres feliz… y quizá sí, es un tanto egoísta, eso de sentirte feliz de vez en cuando, pero vamos, nunca fue fácil encontrar el tesoro perdido en la Isla desierta.
Por otro lado, cuando esta madrugada se me ocurrió escribir sobre esa pragmática tendencia a buscar la felicidad, la personita que habita en mi cabeza me habló de dos tipos de felicidad, la que dura para siempre, la que dura solo instantes. Como de la segunda ya hemos hablado suficiente, es momento de indagar en la felicidad casi mitológica de tendencia perpetua.
Es difícil hablar de felicidad estando en áfrica –espero que no sea demasiado tarde ahora que lo escribo- es complicado determinar si a la gente en Kenya les haría feliz tener unos nuevos pares de zapatos o un nuevo Blackberry, o si, por el contrario, un plato de comida sería suficiente para cubrir con una sabana invisible ese sentimiento de ausencia que les permitiría saber que son felices, porque sonríen… sonríen con la mirada, con los labios, con el alma.
Es complicado determinar si un ascenso en el trabajo, una cena costosa con la persona que amas, o comprar un traje por más de la mitad del sueldo que ganas, les haría felices a ellos como nos hace felices a nosotros. Quizá, tener trabajo, cenar, y contar con ropa de textura suficiente para abrigarles en el frio aliento de una noche lluviosa, sea suficiente para hacerles olvidar la ausencia y comenzar a sentir eso, eso mismo, que debe ser la felicidad, que en momentos, te llevaa creer que vives en un mundo perfecto.
Y se me dificulta saber si ellos, como nosotros, sonreirían al ir a un cirujano luego de trabajar durante el periodo necesario para reunir los millones que cuesta aumentarse el tamaño de las tetas, o cambiarse la forma de la nariz porque no nos agrada la mezcla genética que procuraron nuestros padres, o sí, para ellos sería suficiente con costear las pastillas que les daría a sus hijos, hermanos, padres, tíos, o familiares, un momento más de vida, una cortísima batalla contra el SIDA, un día, una semana, un mes…  VIDA.  
No sé, tal vez sea cosa mía, y no es que quiera criticar a una de las culturas, pero es que a veces somos tan egoístas, y ojo, no con ellos –los africanos- porque sé que no podemos estar pendientes de cada persona con carencias en el mundo; somos egoístas con nosotros mismos… nos enfocamos demasiado en lo material, en la felicidad de momentos inconclusos, la felicidad que no es para siempre, la felicidad que no es más que una mentira, nos conformamos con la inconformidad que nos conduce a buscar una felicidad que nunca estará completa… y eso, amigos míos, da tristeza.
Ahora bien, hablemos de las diferencias.
Por ejemplo:
Decir te amo luego de un beso en el que tu alma de difuminó en el alma de tu amante, no es lo mismo que decir te amo luego de que tu amante te regalase algo costosísimo. 
Sentirte bien luego de que te ascendieran en el trabajo porque tu sueldo se elevó considerablemente, no es lo mismo que sentirte satisfecho porque lograste con esfuerzo propio lo que tanto deseabas.
Alegrarte porque lograste comprar las pastillas costosísimas que te ayudarán a mantenerte con vida, no es lo mismo que alegrarte simplemente porque estás con vida.
Y sí, todos estos ejemplos están directamente relacionados, pero -y ojo que esto es importante-l a diferencia está en cómo enfoques la felicidad que sientes… si la enfocas en lo material, créeme, nunca estarás satisfecho.  
Quizá, cuando no se tiene nada es más fácil entender cuán feliz puedes ser con poco.
Quizá, de la nada venga el agradecimiento cuando algo te hace sonreír.
Quizá, no es factible ser inconforme cuando eres tan pobre.
O quizá, es vergonzoso ser inconforme cuando lo tienes todo.
La verdad, yo no lo sé, ¿alguno de ustedes que hoy lee estás líneas lo sabe?
No es fácil, entender porque se es feliz y por qué no… Para mí, la felicidad perpetua es esa que sientes al recordar lo que te hizo feliz, es trasladarte al momento mismo en el que te codeaste con la felicidad y le diste la mano en agradecimiento… Es pensar en lo que sentiste al abrazar a tu madre, aquella vez hace tanto tiempo, y que ya no recuerdas por qué. Es viajar al pasado de los sentimientos, sin importar nada más.
La felicidad es sentir… Es sentir lo que sentiste, es volverlo a sentir.
La felicidad perpetua nunca fue y nunca será material… la felicidad es eso que guardas en silencio y con recelo, la felicidad es eso que no vale un solo centavo, es lo que sientes sin tocar, es lo que está y no ves…
Felicidad, sí, nueve letras que intentamos conjugar durante toda nuestra vida para sentir, solo eso:

                           
                                        SENTIR!!!