martes, 31 de agosto de 2010

ADISA

15/08/2010

Ayer Mamá Mdogo me develó el que sería mi nombre africano: ADISA.

Días antes me había prometido que me pondría un nombre africano porque yo era, ya, una de sus hijas. Cuando me dijo –con una sonrisa digna de ser descrita como “magnifica”- que mi nombre sería Adisa, me sentí tan honrada que para mi alma los límites de mi piel se estaban quedado cortos, que alguien, no sé quién, estaba inflándola sin meditar sobre las consecuencias, que algo, no sé cómo, había procurado que mi corazón se acelerara debido a esa emoción incontenible en las fronteras carcomidas de mi cuerpo.

Estoy muy orgullosa por haber logrado llegar hasta aquí, me siento feliz viviendo en África y de tener la oportunidad de compartir con estas personas; me siento absolutamente enaltecida porque ellos me hacen sentir como un miembro más de la familia.

A veces, desearía tener el poder de detener el tiempo, para vivir los momentos como si fueran a estar para siempre en mi memoria, sin tiempo que los desvanezca, sin abrazos de olvido, sin roce de nuevas experiencias, con ellos ahí, vividos, congelados en esos archivos a los que pudiera ir cuando así lo deseara.

Incluso, tal vez, esa es mi razón más pura para escribir estas líneas que hoy ustedes y yo leemos. He decidido construir mi propia máquina del tiempo, esperando, o más bien casi suplicando, que en unos veinte años no me arrepienta de mi pésima cualidad para describir los momentos inolvidables, pero más aún, cuando se trata de describir tanto sentimiento inédito, tanta celeridad de emociones.

Y sí, le pido a Dios que me dé la sabiduría necesaria para entender lo que he venido a entender aquí, para aprender lo que sabré en dos décadas y para, por sobre todas las cosas, no olvidar nunca que dentro de tanto dolor existe un núcleo inigualable -únicamente por ser enorme- llamado amor.

Mama Mdogo

30/08/2010.

Mamá Mdogo es una enfermera que ha dedicado gran parte de su vida a ayudar a los necesitados, aunque, obviamente, siente especial devoción por los niños.

El verdadero nombre de mamá Mdogo – A quién, por cierto, también le digo mamá, como todos los niños del orfanato- es Rose. Rose debe tener unos cincuenta años de edad, es de contextura gruesa y muy alta, sin embargo, su mejor cualidad es esa maravillosa sonrisa que se acopla con la mirada traviesa de una mujer cómplice de la bondad en su máxima expresión. Ella está casada con un hombre que en su juventud fue militar de la República, Alfred.

En su casa, Rose y Alfred acogen a tres niños y una adolescente, Moses, Ian, Jackie y Devora. Por otra parte, tienen –o yo conozco- a cuatro hijos biológicos, entre ellos un par de gemelas.

Inicialmente el edificio donde funciona Happy Home pertenecía a la familia de Alfred, el esposo de Rose, quien, por cierto, en su infancia también fue huérfano.
Cuándo Alfred y Rose recibieron la propuesta de la creación de un orfanato en la Villa de Stellah, ambos acordaron donar, o mejor dicho, permitir la instalación del mismo en el edificio que antes había sido un hospital, y que cerró por falta de presupuesto.

Sinceramente debo decir que si yo tuviera la potestad de nominar a alguien para el premio nobel de la paz, esa persona sería Mamá Mdogo.

Para describirla no se necesita mucho adjetivo, pues al comenzar, estaría utilizando el más grande y honorifico de ellos: Amor.

Y ojo, no sé trata solo de hablarles del amor que la Sra. Rose transmite, se trata de tenerla cerca, de sentirlo, es un aura maravillosa que espero que sea perpetua… Por eso se trata de mirarla directamente a los ojos y descubrir el amor, la paz, el respeto y la sabiduría de una mujer de bien. Se trata de saber que estás parado justo al frente de un SER HUMANO, con valores y moral de esa que no se gana solo con vivir por un tiempo lo que muchos viven por mucho tiempo, o solo con gastar dinero a favor de una mejoría a corto plazo… se trata de hacer la diferencia, de entregar la vida a una causa… de respirar sabiendo que hay otros que necesitan tu ayuda para respirar con tranquilidad. Se trata de pretender cambiar al mundo para bien, aunque el mismo mundo no se canse de susurrarte que es imposible.

Por eso, mi premio –honorifico- nobel de la paz, es para Mamá Mdogo, por creer en el mañana en el que muchos han dejado de creer.

Dios la bendiga.

En casa de la enfermera

15/08/2010

Como aquí tengo un lugar seguro en donde almacenar comida, decidí comprar galletas, pasta, torticas y algunas cosas más. Como Afandi y Aska se la pasan para arriba y para abajo conmigo, siempre me están pidiendo comida, o me dicen que tienen hambre para que les dé… ¿Yo qué puedo hacer? ¡Consentirlas!

Una vez se me ocurrió comentarles que en Venezuela tenemos una buena palabra para describir esa tendencia a comer mucho sin tener hambre realmente… “Lambusia” les dije, y ahora están todo el tiempo diciéndose lambusia la una a la otra; no obstante, Afandi siempre termina llorando, y la verdad, es que todo sabemos, incluso ella misma, que se lleva el premio a la lambusia mayor.

                                            Aska y Afandi gastandose mi polvo para la cara


Cuando ellas están es ese toma y dame, me cuesta mucho contener la risa para reprenderlas, porque es super cómico, además como lo dicen, calladitas, como cuando sé es cómplice de lo indebido.

Por otro lado, desde que estoy viviendo en la casa de Alfred y Rose he preparado pasta dos veces, y les encanta.


Quince días sin los niños

                                                                                                                                              15/08/2010



Dos largas semanas viviendo en una muy ambigua paradoja relacionada a este tiempo que pasa tan rápidamente lento… ya ven, les dije que era una paradoja.

Permítanme explicarme.

Ya estamos a mitad del mes de agosto, y ese miedo, sí, ese mismo del que tanto les he hablado, va tomando poder, poquito a poco, con indiscutible razón de ser… con ese no sé qué, que te recuerda en silencio que no todo es para siempre, que nada es para siempre.

Sin embargo, y aunque a mí me parece casi increíble, el tiempo sin mis niños pasa lentamente… por eso, podría aseverar que vivo en el paralelismo inconsciente de un mundo en el que, lo único que hago es mirar el puntero del reloj que tiene la función de señalar los segundos… tic, tac, tic, tac, tic, tac… un tic, tac de infinita paciencia.

Extraño a los veinticuatro niños que se fueron a visitar familiares (hermanos mayores, abuelas, tías) luego de que cerraran la escuela por vacaciones. Este lugar no es el mismo sin sus voces, sus risas, incluso, sin sus gritos y sus peleas...Por eso, ahora más que nunca estoy segura de que las paredes no son nada cuando están baldías, simples paredes pintadas de bonitos colores, gigantescas ausencias, silencio profundo, nada, nada en especial… Por eso sé que esté dónde quiera que esté, mi hogar serán mis padres, mi hermano, mi familia y mis amigos… no cuatro paredes, no un terreno, no, nada de eso… Imagínense ahora que tengo el corazón partido en dos, y siento que mi hogar está en Venezuela, en un pequeño pueblo llamado Charallave, pero también tengo un hogar en Kenya, en una villa llamada Stellah… yo sé que estoy en mi hogar, y sé también que fui bendecida al venir aquí.

Por otro lado, aunque el Manager del orfanato no me dio explicación concreta por la partida de todos los niños a excepción de aquellos que no tienen a nadie, supongo que tuvieron dos razones de peso, la primera es que la escuela cerraría sus puertas por un largo periodo de tiempo; tiempo que podría aprovechar los niños para reanudar el contacto con sus familiares; y la segunda, muy importante además, se debía a la celebración del Referéndum consultorio que tenía la finalidad de cambiar la constitución de la República de Kenya, cosa que finalmente sucedió al ganar la opción del sí; la enfermera me había comentado que tenían miedo de mantener a todos los niños en un mismo lugar ya que durante las elecciones se podían presentar focos de violencia, tal cual como había sucedido durante las últimas elecciones dónde, por cierto, estuvieron cerca de vivir un conflicto étnico similar al de Ruanda, y aunque no llegó a tales magnitudes, mucha gente murió en aquél periodo.

Los ocho niños que no tienen absolutamente a nadie, tuvieron que quedarse a pasar los días en la casa de la enfermera, que es el lugar donde yo también me quedo.

Durante todo este tiempo me he podido acercar mucho más a Afandi y a Aska. La primera es una niña con una historia durísima, pero con una capacidad de solventar problemas que –yo creo- ninguna niña de ocho años en Venezuela tiene, con una madurez para asimilar responsabilidades, realmente admirable y con tanto, tanto amor para dar que simplemente me deja sin palabras. Por su parte Aska es como una pequeña mamá a cargo de sus dos hermanitos pequeños, tan madura como Afandi, o mucho más por ser mayor en edad, llegó al orfanato sin saber siquiera escribir, era una niña grande para estar en lo que nosotros conocemos como preescolar, pero ahora, y con mucho esfuerzo se ha podido nivelar, incluso, me entregó unas muy buenas composiciones en inglés, de las que estoy super orgullosa… Aska es una pequeña mamá, una niña grande, o una adulta en cuerpo de niña… igual le encanta jugar, y se queja de mí ropa cuando me ayuda a lavar, ella dice que yo soy como un niño pequeño, ensucio mucho la ropa, y luego, cuando me ve lavar, me dice que también lavo como los niños, agregando un “do it like this aunty, like this” … Estas dos niñas, como muchos otros, tienen historias de vida verdaderamente admirables, y no puedo, de verdad no puedo, describirlas sin llenarme de orgullo.

La van


Cuando volvíamos del Maasai Mara, comenzó a llover fortísimo, y eso hizo que el camino, que ya de por sí es una verdadera locura, se tornara aterrador, y créanme, no exagero.

                                          Este tipo de Van Toyota son conocidas como MATATU en Kenya.

La van comenzó a deslizarse sobre la tierra (porque el camino no está asfaltado, y la tierra se asimila mucho a la arcilla), supongo yo que fue porque los cauchos no estaban en la condición optima para su funcionamiento, aunado esto al pavimento escurridizo.
Las belgas con las que fui al Safari, estaban muertas de miedo, y yo simplemente me quedé sin palabras, me imagino que, como buena mala católica, recé -o mejor dicho- imploré, a Dios no morirme tan lejos de mi hogar (que no es mi casa sino mi familia). Recuerdo que una de las muchachas le dijo a Salim (el conductor del carro, quien, por cierto, es musulmán) que por favor nos detuviéramos hasta que la lluvia cediera un poco, Salim se limitó a responder que ellos sabían muy bien cómo manejar sus carros en ese tipo situaciones, a lo que la belga alegó que se trataba de nuestras vidas y que detuviera el carro.
Con las belgas que me dejaron irme de Safari con ellas :)

Finalmente acordaron que Salim bajaría la velocidad (porque eso sí que tienen los kenyanos, ellos viven muy a lo Hakuna Matata pero cuando se montan en un carro parece que la vida dependiera de los minutos que utilicen para llegar al lugar de destino, como los camioneteros en Venezuela, esas actitudes nosotros las conocemos muy bien)   
En fin, sobrevivimos a la aventura que se presentó dentro de la aventura en sí misma.    

domingo, 22 de agosto de 2010

SAFARI

                                        Maasai mara



El 29 de Julio me fui de Safari (Por cierto que la palabra safari traducida del idioma Kiswuahili al español, significa viaje).

Para comenzar debo aclarar que no fue una decisión sencilla de tomar, ya que, obviamente no tengo mucho dinero, y menos para gastarlo haciendo turismo. De hecho, ya el dinero que tenía destinado para el mes de agosto se terminó, no me queda nada, nada, nada. Por otra parte, es importante mencionar que, según el acuerdo que firmé antes de venir a Happy Home, no puedo hacer viajes de placer mientras esté ejerciendo funciones de voluntaria; es decir, tengo que esperar hasta que finalice mi periodo de actividad para tomarme una o dos semanas para viajar.

En fin, decidí irme de Safari por una razón muy sencilla, como me dijo Ababu (El manager del orfanato) “Es tu oportunidad de oro”, y sí, sí que lo era.

El 28 de Julio habían llegado a Happy Home un grupo de cinco belgas (Para hacer mención de algo super llamativo, la mayoría de los turistas que arriban a Kenya son Belgas, por qué, no lo sé) que tenían el deseo de hacer safari, pero ojo, safari en el sentido de la palabra que nosotros en occidente conocemos; lo que significa, ir a ver leones, tigres, monos, etc. Como varias personas me habían mencionado que hacer Safari en grupo era mucho más económico y divertido, me fui, así de simple. Hice algo que nunca jamás habría hecho en Venezuela; irme con desconocidos a un viaje donde necesariamente iba a tener que dormir en carpa. Igual, qué más daba, les puedo asegurar que esa, no era la primera “locura” que haría en este viaje (pongo la palabra locura entre comillas, porque para mí, esa palabra es inhóspita, y a veces, hasta puede escapar fácilmente del diccionario personal de mis vivencias. Espero que me comprendan en ese sentido, me gusta ver televisión y leer libros, nada más el hecho de haber venido cinco meses a Kenya es una locura de por sí).

Luego de pasar una noche en Stellah, las belgas, yo, la hija de Ababu (El manager), y dos hombres que trabajan en Happy Home (Uncles) emprendimos camino hacía Maasai Mara. En el camino de tres horas de estimación hasta nuestro destino final, tuvimos que surcar millones de obstáculos variantes en tonos y colores: huecos, abismos, piedras, agua de rio, agua de lluvia, etc. La van donde viajábamos en oportunidades parecía que podía caer por algún sendero, explotar en pedacitos, o finalmente, y tipo comiquita, abrirse en cuatro partes y quedar en el chasis.

Sin embargo, nada pasó (o por lo menos no más allá de unos cuantos sustos diferenciados en grados y secuencias).

Y llegamos, llegamos sanas y salvas a lo que debía ser un paraíso terrenal.

Mientras nos acercábamos a la puerta de entrada (una de las pocas instalaciones manufacturadas por la mano humana, a parte de un gran hotel) donde tendríamos que pagar unos 40$ por pasar dos días y una noche en ese terreno que parecía salido de la comiquita “El Rey León”, pero mucho más inmenso, mucho más increíble, mucho más natural, humano, sobrecogedor… o simplemente indescriptible; porque, al intentar adjudicarle un adjetivo, me siento en el desafío por no minimizar tal esplendor, por intentar narrar con una palabra lo que una sola imagen provoca que, precisamente, te quedes sin palabras, y me disculpo con ustedes, pero no es fácil, eso de describir tanta belleza, y menos para mí, que no soy poeta, y que poco sé del tema.

Alguna vez le dije a alguien a quién amaba que el punto exacto de lo desconocido es ese donde el cielo se nutre con el mar, comprimiéndose en una sola línea infinita de danzares desolados por no poder ser alcanzados por el ojo humano; una línea que no es pasado y no es futuro, una línea que es momento, sí, pero que es presente, es ahora, es instante de vida, de muerte, de todo y de nada también.

No obstante, en esta oportunidad (invaluable, por cierto), esa línea no estaba formada por el agua del mar (como estaba yo acostumbrada a ver en Venezuela), sino por una tierra pura e infinita que mis sentidos no podían degustar de una sola vez.

Nunca en mi vida había visto tanta tierra pura, tan llena de todo, tan llena de nada.

No, ni un solo edificio a la vista ajena de los turistas que la habitaban con la celeridad de la brisa en el palmar (ni siquiera podía verse aquél hotel), ni una pizca del mundo Cosmopolitan en el que vivimos tantos de nosotros, no había mano humana expresada en inmuebles (muchas jeep repletas de turistas, eso sí), y no, no había interrupción alguna entre mis ojos y ese punto inquebrantable de belleza infinita.

Y discúlpenme si parezco repetitiva, pero Maasai Mara es tan inmenso, tan puro tan bendito, que se me hace difícil no mencionarlo una y otra vez.

Maasai Mara es el cielo en la tierra, el paraíso terrenal del que tantos hablan, es silencio para el espíritu, es oxigeno para los pulmones, es luz, es brillo, es brisa, es una tormenta de esperanza, y es, también, un vistazo a la realidad del mundo que alguna vez tuvimos y que decidimos abandonar, o no, mejor, cambiar.

Yo creo que jamás olvidaré semejante paisaje… las palabras, cuales quiera que sean, se quedan cortas; Pero, si me preguntaran o me pidieran que utilizara una sola palabra para referirme al Maasai Mara, yo diría: GENESIS.

Estar allí fue verdaderamente increíble… fue un sueño que nunca soñé, y fue, la realidad que nunca imaginé. Y si quien lee estas líneas tiene el deseo de reencontrarse consigo mismo, reflexionar y ceder, Maasai Mara es una excelente opción.

En el Safari, pude ver zebras, jirafas, búfalos, monos, hipopótamos, cocodrilos, hienas, elefantes, leones, y muchísimos animales más… en su hábitat natural, no tras las rejas en un zoológico.

Los animales estaban en casa, una tierra tan inmensa como los sueños y tan bondadosa como quien permite que los sueños se hagan realidad.

domingo, 8 de agosto de 2010

Vivimos con tanto que no tenemos idea de cómo vivir con poco…


Esta frase se me ocurrió en plena madrugada, supongo yo, que fue justamente en esos minutos en los que ni se está despierto ni se está dormido… Así, como cuando tú inconsciente demanda ser escuchado, pero más que eso, ser recordado.

Alguna vez escribí -Desee- que ojalá fuera posible eso de no olvidar todo lo que se piensa, para así escribirlo luego, para así recordarlo siempre. Es que se puede ser un verdadero genio cuando nadie te ve, cuando nadie te escucha, cuando respiras la soledad más pura, esa que se acompaña con la soledad de tú interior, a veces tan olvidado, a veces tan añorado. Aunque también, puedes llegar a brillar gracias a la solidaridad de una musa, cuando alguien te siente o cuando ha dejado de hacerlo. Espero que no se lea como un trabalenguas, es complicado y lo sé, pero es reflexivo también, por eso he querido comenzar a escribirlo de esta manera.

Más temprano en la mañana realicé una serie de reflexiones en el Twitter, y llegué a la momentánea conclusión de que vivir con poco no es una odisea, tal y como muchos de nosotros pensamos justo antes de intentarlo.

Permítanme explicarme…

Quiero hablarles sobre la cultura, o sobre el modo de vida con el que transcurren los días, meses y años, en este rincón del planeta al que me mudé hace un mes y medio, África-Kenya.

Estoy en la tierra donde todo comenzó, donde se cree que nació el primer hombre (o primate)… Ese que irguió su espalda cual bandera izada en orgullo, ese que respiró el aire de una tierra pura, ese que caminó llanos y montañas a pies descalzos, ese que colonizó conocimientos; sí, ese mismo, el antepasado de todos y cada uno de nosotros… el primero de tantos, el último de muchos.

De hecho, cerquita de Stellah (El pueblo dónde vivo) está la frontera con Etiopía, y, en ese país vecino, fue encontrado el fósil de “Lucy”, quien fuera el primer australopitecos (Sabrá Dios a ciencia exacta que es eso, yo solo investigué vía google jeje)

A lo que quiero llegar es a la convergencia de que todos tenemos un génesis en común, y que, la variante obvia, es la evolución cultural –independiente- que cada continente, país, o tierra, ha alcanzado. Es decir, por dentro somos los mismos seres humanos, por fuera, variamos en tonos y colores… Y variamos, porque nuestras historias no son las mismas, nuestras culturas no son las mismas, nuestras creencias, nuestros motivos, nuestros objetivos no son los mismos, y consiéntanme decirles que eso es, queridos amigos, lo que nos hace especiales… Somos diferentemente iguales, ¡Qué grande!

Muchos africanos tienen la idea errada de que solo las personas de piel blanca pueden llegar a triunfar en la vida; que el negro siempre será pobre, casi un vasallo de sus propios errores y rencores. Yo he tratado, de verdad he tratado, de explicarles que la realidad es otra, que una persona puede surgir si pone empeño en el desenvolvimiento de cualquiera que sea la actividad que realice, que la vida no tiene un patrón predestinado y por esa razón cualquiera puede cambiar la historia… y ellos lo saben, porque aquí aman a Obama. Sin embargo, estoy absolutamente segura de que ninguno de ellos trataría de imitar la proeza de sueño americano alcanzada por un hijo de esta tierra kenyana. Igual lo siguen amando, igual lo siguen idolatrando, creyendo que el negro de la casa blanca podrá cambiar al mundo en uno o dos periodos presidenciales y que lo hará en nombre de África, en nombre de la tierra de su padre, Kenya.

Esa tendencia a la auto-denigración, me molesta. Estoy tratando de erradicarla de la mente de mis niños, para que cuando me toque regresar, por lo menos me vaya con la seguridad de que ellos lucharan hasta el final por lo que quieren. Tengo planeado hacer una cartelera con fotos de cada uno de ellos, poniéndole a un lado el nombre de la profesión que aspiran tener, para que nunca lo olviden, para que siempre lo sueñen.

No quiero que mis niños se sientan estancados por un paradigma errado, quiero que idealicen y que trabajen por alcanzar sus objetivos, por hacerlos realidad.

Por otro lado, como es de conocimiento colectivo, África es un continente pobre, por ende, la vida aquí tiene muchas más limitaciones que en un país como Venezuela, aún cuando esté último es subdesarrollado… Digamos que África, más específicamente Kenya, tiene las carencias de Venezuela elevadas al cubo, y que, tiene muchas más carencias, que supongo, fueron erradicadas de mi patria mucho antes de yo nacer. Digamos también, que vivir en Kenya es vivir como se vivió en Venezuela en los años 20 o 30, con mucha más pobreza, mucha, muchísima más.

Por ejemplo, en Kenya todavía le pegan a los niños en la escuela cuando hacen algo mal, tal y como les tocó vivir a muchos de nuestros padres en la década de los 60 y 70. En Kenya el sexo es el tema más tabú que existe. Hace poco veía una película americana (gringa) que me traje de Venezuela, con las hijas -gemelas de 22 años- de la enfermera del orfanato, cabe destacar que algunos niños se había unido a nuestro disfrute vespertino; la cosa es, que cuando había una escena de besos, un acto de amor, o un encuentro sexual, las jóvenes adultas les pedían a los niños que se taparan los ojos o que se marcharan de la habitación (cosa que también llegó a pasar en Venezuela en su respectivo momento) (y ojo que no era una película pornográfica, simplemente se besaban, iban a la cama y amanecía); No obstante, cuando la escena era de pelea, rencor, odio, y matanzas, nadie hacía nada para evitar que los niños presenciaran semejante derramamiento de sangre. Yo, y para quien me conoce sabe que es lo más normal en mí, pensé que quizá, esa era, precisamente, la razón por la cual este mundo está tan corrompido por la maldad y la guerra, y que por eso, se nos hace tan fácil olvidar lo importante que es amar. No sé, digo yo, quizá esté errada. Por otro lado, un punto de importante relevancia es que en Kenya, la homosexualidad, se paga con cárcel.

Aunque el punto central de este relato es otro, es tratar de escribir según mi entender, de qué se trata eso de vivir con poco, y de qué se trata eso de disfrutar la vida cuando se vive de esa manera.

Vivir con poco es no tener comodidades, bañarse a punta de tobito de agua, dormir en colchones de goma espuma (cuando tienen la suerte de tener colchones), es utilizar el agua de lluvia para beber y cocinar, no tener más de cinco prendas de vestir, y contar solo con un par de sandalias.

Vivir con poco es comer siempre la misma comida, trabajar día a día para vivir el mañana, es arrear la tierra con los pies para conseguir agua, es desconocer comodidades.

Vivir con poco es vivir con ciertas limitaciones que tornan la jornada un poco más larga y hacen de la noche un lugar mucho más profundo para el descanso.

Pero, vivir con poco, significa también, vivir más en contacto con uno mismo… Con tus movimientos, tu esfuerzo, tu voluntad, y con tu fe.

Vivir con poco es también vivir más en contacto con la naturaleza y utilizarla para sobrevivir (Utilizar agua de lluvia, cocinar con madera y carbón).

Vivir con poco, es vivir teniendo todo lo necesario para que la noche se torne día.

Vivir con poco es idear de la nada, lo que te puede hacer feliz.

Vivir con poco es ir cada domingo a la iglesia a agradecer que estás vivo.

En África vivir con poco es vivir… para bien o para mal, es simplemente eso, vivir.

Y yo,


Yo disfruto aprendiendo cómo vivir así.



Tómala, ella es un ser humano.

Hoy mientras hacía mi intento rutinario de trotar 4 km de un camino cuya única referencia que conozco es una escuela llamada “Korondo”, me sucedió algo inesperado.


Pero, por favor, permítanme contarles desde el principio.

Se suponía que hoy no trotaría, primero porque me levanté super tarde, y segundo porque tenía que terminar de enviarle -vía e-mail- a la Directora del Orfanato –Quien vive en Canadá- unas composiciones con sus respectivos dibujos, que fueron realizadas por los niños, justo antes de salir de vacaciones… En fin, lo importante, es que no me daba tiempo de ir a trotar.

Sin embargo, como creo que ya se los he dicho antes, los africanos viven en un estilo de vida muy a lo Hakuna Matata, ellos son relajados y se toman con mucha calma cada aspecto de la vida.

Matara, es el dueño de un centro de computadoras que está ubicado a pocos metros de Happy Home, y, como él tiene una impresora con escáner, le pedí que me escaneara las diez páginas que debo enviar como reporte del mes de Junio a la Directora del orfanato. Hoy, siete de Agosto se cumplen dos semanas desde que le entregué las composiciones y dibujos a Matara, él, todavía no ha terminado de escanearlos. Cada vez que voy a la tienda de Matara, él me dice que vuelva en una hora, y, cuando regreso –en una hora- me dice que vuelva en dos horas; y si, que yo soy muy incumplida con el horario, pero aquí en África puedo pasar por inglesa facilito.

Ya que Matara aún no había terminado mi requerimiento, decidí ir a trotar (por cierto, que me sentía mal porque andaba con una alergia que no me permitía respirar con normalidad).

Como era de esperarse, cuando llegué a la casa de mis amiguitos –Esos que siempre me acompañan a trotar y me hacen ver como Forrest Gump- se unieron a mí andar. Fuimos y vinimos, y hoy, cabe destacar, éramos unos cuantos más.

Cuando rozábamos la tierra en el camino de vuelta, la madre de uno de los niños se acercó a donde estábamos para pedirme que me llevara a la niña más pequeña –Suzan- porque en mí país podía vivir mejor.

Yo, la verdad, me quedé sin palabras, sin saber qué decir o qué expresar con mi rostro, sin tener oportunidad de pensar en una respuesta “diplomática”, sin argumentos, sin sentidos… y con una paradoja in crescendo en mi conciencia.

¿Qué le puedo decir a esta señora? Pensé casi a la velocidad de la luz.

- Take it – Insistía. (La gente aquí, como yo, no hablan bien inglés)

La única frase que se me ocurrió y que –prácticamente- escupí, fue: “Tengo que estar durante un buen tiempo en Kenia”, “Le prometo que cuando sea el momento de regresar a mí país pensaré en ello”.

- But, Why you don´t want to go with she? (Pero, ¿Por qué no quieres llevártela?)

¿Qué más podía alegar? Soy demasiado joven, no tengo dinero para otro pasaje, no puedo llevarme a un niño solo porque me lo regalan, es complicado…. Si mi cerebro fuese un laberinto, les aseguro que este dilema jamás hubiera encontrado la salida, o por lo menos, no en ese momento.

- She is a human, take it. (Ella es un ser humano, tómala)

Ahora si me había soltado una frase que yo, quizá, habría utilizado en un momento similar, o para escribir un trabajo, o para narrar una historia… “Ella es un ser humano”, “¿Por qué no te la quieres llevas?”

Si mi corazón pudiera expresarse sin que la conciencia interviniese, él simplemente habría explotado en llanto. Pero no, el raciocinio no me permitió mostrar empatía, debilidad, o simplemente franqueza de un sentimiento que me carcomía la piel; me mantuve firme ante una madre que me mostraba los ojos enormemente esperanzados de una niña de poco menos de cuatro años, sucita, descalza, y con una vida dura por delante.

- No puedo- Le dije, y lo aceptó con resignación.

No obstante, luego de dejar a madre e hijos a mi espalda, mi conciencia no dejaba de repetirle a mi corazón algo que, tal vez, a él le estaba costando más entender: “No puedes” “No puedes hacer nada”

...Es duro, ver a unos chamos vivir en el tipo de condiciones que en los libros de mi universidad describían como pobreza extrema, verlos sonreír porque corren a tú lado, y verlos también, correr descalzos. 

No es fácil ir al supermercado y gastarte 1000 Shillins (10 dólares) en galletas, pan y pasta, sabiendo que ellos solo pueden comer eso que cultivan sus padres… No hay galletas y probablemente no tengan leche. No hay mucho más de lo que simplemente tienen. No es fácil, y no lo había pensado así hasta ahora.

Pero ojo, sé perfectamente que no soy egoísta por poder tener lo que ellos no tienen, a lo que mi reflexión me llevó, es a la posibilidad de sembrar una idea que les permita vivir con una calidad de vida un poco más digna, aunque no sé si funcionará, igual les iré contando mientras siembro.

Desde hoy siento que es importante preguntarme: ¿Qué puedo hacer para variar, así sea en un mínimo, las cosas?

También sé, que no puedo cambiar al mundo, pero lo que sí puedo hacer, es comenzar a intentarlo, si bien, no a TODO el mundo, me basta con saber que hice lo propio con el mundo de unos cuantos.

Por ahora solo sé, que hoy…

No podía hacer nada

A veces, cuando troto.

Tal vez no lo he comentado todavía…


En África comen muchísimo.

Ellos dicen que se debe a que tienen la obligación de caminar largas jornadas para poder alcanzar los objetivos que se han planteado en el día. Y es verdad, el africano camina mucho, se despierta muy temprano en la madrugada, trabaja la tierra, crea alimento, construye alojamiento, y viste el día de un senil esfuerzo heredado de sus antepasados.

Ahora puedo entender por qué comen tanto, trabajan mucho, no tienen maquinarias, y el sol, en cierto momento de la tarde, puede ser absolutamente inclemente.

Pero, -como dicen en mi pueblo, siempre existe un bendito pero- yo, venezolana de nacimiento, con raíces italianas que alojan en mi cuerpo una insaciable tendencia a la gordura, no trabajo tanto como ellos, sin embargo, pretenden que coma la misma cantidad de alimento que ellos… de dos a tres platos de comida en la noche, y yo, no puedo.

Sí, estoy engordando en África, igual esta no es la primera paradoja que me presenta la vida, pero me preocupa no por cuestiones estéticas, o tal vez si, para quién me conoce sabe que recientemente rebajé un montón de kilos, y la verdad, se siente bien estar así… Por otro lado, la ropa, tampoco es que tengo muchísimo dinero para comprar nueva vestimenta. En fin, me preocupa.

Por eso, he decidido levantarme “temprano” (A las ocho de la mañana, cuando todo el mundo ya se ha levantado a las cuatro de la mañana) e ir a trotar en un camino que debe tener cuatro o cinco kilómetros de recorrido. Confieso que tengo menos de dos semanas intentándolo en ese camino (Antes solo trotaba en circulo en el mismo orfanato), y que, no he podido trotarlo todo, a veces, tengo que caminar para recuperar el aliento, igual no está de más decir que hace frio y me cuesta respirar (Otra paradoja, frio en África), para tratar de justificar un poco mi falta de compromiso mente-cuerpo (mi mete quiere terminar el recorrido trotando, mi cuerpo no puede)

Hoy, mientras trotaba (por cierto que cada vez troto más y camino menos) se me ocurrió la siguiente frase de motivación:

No pienses en lo que dejaste, ni pienses en lo que vendrá… piensa en cada paso que das.






Vive cada paso, siente cada paso, respira cada paso, concéntrate en el presente exacto y lograrás la meta.

Por otro lado, a veces, algunos niños que encuentro en el camino, se ponen a trotar conmigo, y, aunque no hablan inglés, me hacen disfrutar muchísimo más el recorrido.

Y les aseguro que encontraré la manera de de agradecerles por hacer más hermoso el camino.


ASANTE SANA!!!

Peter Ngeresa

El señor Peter es la única persona que tiene algún tipo de relación con el orfanato, que no habla inglés; Por esa razón, la comunicación entre nosotros se hace muy difícil, por no decir imposible.


Peter es un hombre muy simpático, siempre está contento, cantando o silbando.

Por las mañanas cuando lo veo, le saludo con un gran HABARI (¿Cómo estás? en Kiswahili) y él con una sonrisa enorme, me responde: MZURI SANA (Muy bien en kiswahili)

Para mí, Peter es todo un personaje digno de ser narrado en cualquier relato, novela o cuento que se me ocurra escribir en el futuro.

Para él, mis respetos.

lunes, 2 de agosto de 2010

CAPITULO II


Hace mucho, mucho tiempo, cuando los niños de Happy Home aún eran pequeñitos, tuvieron la desdicha de perder a sus madres.

Sí, en el momento que se es demasiado inocente, cuando la maldad no existe, cuando amanece soleado el día y es perfecto para desojar las horas jugando, cuando la comida es alegría, cuando los meses giran en torno a un jardín repleto de tierra que respira vida, cuando los ojos son enormes y la mirada es esperanza, en ese, en ese preciso momento, ellos, lo perdieron todo.

O tal vez, ganaron mucho. Es difícil saberlo con exactitud.

Dicen por ahí, que lo mejor es lo que pasa, que no importan cuan cruda sea la tormenta, luego vendrá la calma, que el arcoíris algún día aparecerá, y que la tristeza siempre, siempre, es vencida por la alegría.

Con el pasar de los días muchos de los niños fueron llevados a vivir en Happy Home por no tener otro lugar a donde ir.

Fueron llegando uno por uno -Algunas veces en grupos de hermanos- en diferentes periodos del año, en diferentes momentos de sus vidas, con etapas inconclusas y sueños desfallecidos. Fueron dándole la bienvenida a una nueva vida con mejores pretensiones, con horizonte de futuro y con aroma a ilusión.

Pero que quede claro, la vida de los treinta y dos niños no había sido fácil. Ellos habían tenido que atravesar situaciones muy difíciles, injustas, y a veces, hasta inexplicables. Nunca fue sencillo -Para nadie- olvidar lo difícil que es recordar.

Muchos de los niños de Happy Home se preguntaban por qué tuvieron que atravesar por semejantes experiencias, si, desde que tenían conciencia, habían sido buenos con Dios.

Ellos eran niños de mucha fe, les encantaba ir a la iglesia los domingos para cantarle a Dios en forma de agradecimiento sincero, de corazón, cuerpo y alma. Ellos tampoco sabían muy bien como había comenzado esto que hoy conocían como mundo, pero estaban absolutamente seguros que había sido él, Dios, el creador omnipotente de todo el universo. Dios conocía la existencia de la maldad, sí. Pero Dios también había creado la bondad, por eso ahora estaban bien, en un nuevo hogar, con nuevos compañeros, con nuevos hermanos, con sueños y metas por cumplir, con todo lo que necesitaban para vivir.

Los niños ahora estaban en un lugar lleno de vida, lleno de magia… Lleno de sus miradas, su esencia, su presencia.

En Happy Home todos tenían responsabilidades que cumplir, día a día, los niños se levantaban muy temprano en la mañana para comenzar sus labores, que consistían en asistir al colegio, cumplir con actividades del hogar, y cuidar de ellos mismos.

Desde cierto momento de la vida de los niños, Happy Home se había convertido en el lugar a amar, Happy Home era el hogar.

En ese hogar, los treinta y dos niños tenían una mamá a quien llamaban Mdogo (Pequeña madre en Kiswahili-Lengua oficial de Kenya a parte del inglés). Mdogo era enfermera y sabía muy bien cómo cuidar de los niños, ella amaba a cada uno por separado como si los estuviera amando a todos, y los amaba a todos como si fueran sus propios hijos biológicos. Además, en Happy Home trabajaban constantemente siete personas a quienes los niños llamaban (tíos y tías): Aunty Millicent, Aunty Pamela, Aunty Pauline, Aunty Giuliana, Uncle Herman, Uncle Peter y Uncle Ben. Ellos, juntos, constituían una gran familia.

Aunque nadie tuviese realmente certeza de ello, todos parecían estar felices, a pesar de las malas jugadas de la vida, a pesar de los traumas del pasado, a pesar de la tristeza; ellos, estaban bien, sonreían, y todos estaban seguros que serían capaces de mirar al futuro sin miedo y sin arrepentimientos, porque esa era la salida que le había deparado ese señor en el que tanto creían,

Dios.

Un mes en Kenia

Un mes en Happy Home



Escrito el 27/07/2010.


Hoy se cumple exactamente un mes desde que pisé tierra africana, la verdad es que es muy cierto eso que dicen los viejos, “el tiempo pasa volando”, y claro, cuando se disfruta lo que se hace, parece que al condenado le da por apretar la “chola” para acelerar el proceso del transcurrir de las agujas del reloj.

Debo confesar que tengo miedo.

Sí, tengo miedo de que sea demasiado pronto, o sea demasiado tarde, miedo del agosto que está por venir, miedo del septiembre, del octubre…Miedo del final.

No me quiero ir.

Se preguntarán que hago yo pensando en despedidas, partidas y finales… Pues, permítanme decirles que es irremediable. Por alguna razón los niños del orfanato siempre me preguntan cuando me voy -Aunque ellos saben perfectamente que mi fecha de partida es en Octubre- supongo que me hablan reiteradamente del final con la esperanza de persuadir mi decisión de alargar los días en esta tierra tan lejana de la mía.

Faith es una de las que siempre me está diciendo “Aunty, do you will go in Octuber?” “No Aunty, you must have to go in February”

Me da cosita, porque me quiero quedar, es decir, no me quiero ir, estoy feliz aquí.

En este país los días transcurren bajo un estilo de vida que ellos suelen llamar “Hukuna Matata” (Si, como en la película de Disney: El Rey León). La gente vive relajada, sin estrés, con amabilidad, esperanza, devoción y mucha, mucha fe.

Permítanme hacerles más grafico el estilo de vida de los kenyanos, ¿Se acuerdan cuando estaban en el colegio y llegaban las ansiadas vacaciones de agosto? Cuando los días pasaban y no sabían cuál era la fecha sino hasta septiembre, que era, por cierto, cuando empezaba la cuenta regresiva enlazada con las ganas entrañables de que el tiempo pasara lentamente…”Por favor diosito, que no llegue el 15” podía ser un pensamiento colectivo. En fin, así, así mismo es como se vive en Kenya. Yo, no sé qué día es, no me preocupo por la hora, y de verdad, verdad, permítanme decirles que es muy rico vivir así.

Aquí me he olvidado del tráfico caraqueño, de Chávez y sus locuras, de la delincuencia (porque en África puedo salir con mi laptop a la vista de todos en plena caída de noche y no me pasa nada, no hay choros que ansíen mi celular, mis zapatos, nada), de la inflación, de la guerra con Colombia y de toda esa barbarie comunicacional con la que abarrotamos nuestra existencia día tras día en Venezuela.

Algo que me sorprende muchísimo es que desde que estoy aquí no he llorado, y ojo, no me lo tomen a mal, pero tampoco he extrañado demasiado. Supongo que eso se debe a dos cosas elementales: 1) Sé que regresaré a mi casa, sé que volveré a ver a quienes quiero, sé que esta aventura tiene un final, sé que cuando esté en Venezuela extrañaré a este lugar como nunca he extrañado nada en mi vida, y lo más importante, no sé si algún día volveré a pisar tierra africana. 2) Tener el servicio Blackberry aquí me ha ayudado muchísimo, porque todavía siento a mi gente cerca, como si no existieran barreras, como si no existieran fronteras, y como si, tal cual dice la canción de Sin Banderas, el mundo entrase enterito en el teléfono.

Estoy amándolos a cientos de kilómetros, igual como amo estando cerca, tan cerquita.

Mi gente es mi compañía, mis niños son mí compañía, y mí compañía es alegría.

Ustedes, mi familia y amigos, están a mí lado aunque no estén.

Yo aquí me siento como en casa… Happy Home es mi hogar.

Quiero decirles que es absolutamente sorpréndete como se puede llegar a amar en tan poco tiempo, porque sí, yo amo a estos niños… los quiero abrazar, hacerles cariño y amapucharlos todo el tiempo… Los quiero querer para siempre y por siempre. Son mis amigos, mis hermanos, mis hijos… Mi familia.

Ellos están tatuados en mi corazón.


domingo, 1 de agosto de 2010

Once upon a time

(When the story is to tell expectancy has among its lines, color, creativity, dreams, laughter, imagination and love what is right is start writing that story as fairy tales written ...)

Once upon a time…

a place called Happy Home.


Happy Home was the home of thirty-two African children, was located at the top of a meadow in a country called Kenya but more specifically, in a land called Stellah.
They, seventeen boys and fifteen girls, had the following names: Lydia -Big eyes and eyes dreamer, loving, cheerful and always singing songs he heard on the church- Osango- purest's smile you can imagine, and he loved dancing- Evance- "He was a teenager, he loved football, and admired the football player Lionel Messi- Night- Studious, quiet (sometimes), loving, showed great admiration for her sister- Mercy- look and smile in unison, seemed to smile- Sheilla- She was the youngest girl of all children, loving, caring, concerned, and always, always wanted to eat sweets- Collins -charming, he was very talented in creative affairs- Elizabeth - she liked to eat food strong flavor, she was attentive, hardworking, efficient and loving- Ezekil- he loved making faces with the face and pretend he was upset, he was playful and liked to eat much- Rose - she was quiet, dreamy and loved puzzles - Eliver - She had a look that could get to intimidate anybody, playful, devoted, sensitive, and apparently, she did not like the photographs
Aska- Of great smile and dreamy eyes, she liked to write, eat corn and care for her younger brother- Abibo - The little child of the house, not by age but by size, loved to draw (it was also very good at it) and movies to remain amazed by the stories- Kihungu- Helpful, dedicated, and he loved herding those cows that sometimes some men had to eat at home- Edwin- He was one of the older, quiet, pensive, he laughed little, but when he did, he was able to enlighten the world- Levis-He was playful, loved to joke, laugh, but he didn´t like the other children in the house using nicknames to refer to him- Suzanne - She loved to sing and dance, she was always smiling, and she liked to ate a lot –Bless- At times she was so quiet that seemed to be unhappy, but then, in a magical moment, she smiled and laughed out loud, thus creating an atmosphere of calm around her body –Moses - He had a bright look and shy smile, he loved to play- Amriodo- He was the eldest of four children, responsible, caring, dreamy, kind, and was always willing to help -Joy - Shewas an affectionate child, with big eyes and wonderful look, she loved to smile and joke –Afandi- She was the most talkative girl in the house, could be quite beautiful when she smiled, she was always wanted to play, run and enjoy –Zimbwane- He was a shy child, sometimes quiet, he loved to sing , laborer, and he put much effort into the activities of home- Ronald- He was a dreamer, smiling, excited eyes, loved to play and watch Peter Pan -Peter - He was so cheerful, kind, loving, very creative, he loved to build buses with cardboard boxes - Faith - She was a girl with huge eyes smiling, loving, attentive and enjoyed drawing -Dancan- He loved to joke, he liked to laugh, and always wanted to see pictures of his favorite soccer players –Babu- He was a boy with a charming smile, very studious, orderly, hardworking, but above all things, he was a dreamer –Benter- She was one of the older, very gracious, cheerful, charming, always had hunger, and she wanted to be an English teacher of children in the house –Kavere- She was a girl with a face absolutely charming, quiet and smiling at the same time, thoughtful, studious and a little girl – David- He was a happy child, noisy, he loved the pictures, play, and he was very good in math-Ondiek – He was one of the older, shy, quiet and very good student-
Day after day the children of Happy Home used to begin their tasks early in the morning. Attend school, go home for lunch, back to school, study, play, share, and return home to do laundry, play, eat, do homework and sleep.
One day, a young Venezuelan girl traveled from far, far, far away to visit the children of Happy Home in Stellah. When she came home, were waiting to greet, the Manager of Happy Home -A Very friendly and smiling- the social worker -an educated young woman- and three girls, who seemed very happy to have the girl in home. Lydia, Mercy and Sheilla, gave (With the best of their smiles) the best possible welcome to the young Latin American girl.
Since that day have passed just over thirty days...
In the company of the young Venezuelan girl, the children of Happy Home, made recreational activities each week, play and have fun learning.
Shortly after she arrived, the young Venezuelan girl asked the Happy Home children to build an object with waste materials. That was when the boys built a bus and the girls manufactured dolls. The most important activity was that the children of Happy Home learned that nothing is impossible, although they seem in principle, that creativity and imagination are the cornerstones for the creation, and that the goals can only be achieved with provision.
For now there is not much space to write, is why this first chapter of the history of the children of Happy Home ends with a message of hope, future, love, and freedom of expression, because the children of Happy Home , used art to express the silence.
"The mirrors are used to seeing our faces, the art is used to seeing our souls" George Bernard Shaw.

And with a
To be continued ...

Día Educacional

Hace poco me invitaron a la celebración del “Día Educacional”.

El festejo estaba referido a la –claro está- educación y como la misma debía evolucionar. Ese día, niños de diferentes escuelas de la villa (Stellah) cantaron, bailaron y mostraron sus mejores cualidades frente a unos “invitados especiales” que tuvieron la oportunidad de manifestar sus pensamientos mediante –interminables, pero al fin y al cabo- discursos.

Con respecto al Día Educacional tengo dos cosas que agregar: 1) Los keniatas son absolutamente impuntuales. Lo digo porque se suponía que el evento debía comenzar a las nueve de la mañana y empezó a la una de la tarde. 2) Fue muy gracioso porque una mujer estaba hablando de los derechos de los niños: “Derecho a la Alimentación” gritaba con todas las fuerzas que le permitía el sol y el hambre, y mientras, los niños, estaban hambrientos, esperando ansiosos que los discursos, de todos y cada uno de los invitados especiales, finalizasen.

Una nota especial, que no tiene nada que ver con el Día Educacional, es referida a la puntualidad. Y ojo, que yo soy impuntual, pero aquí me desespero esperando por la gente, y si, ese es el único lado negativo que le veo al Hakuna Matata… Cero preocupaciones, ¿El tiempo? Como si no existiera.

Habíase una vez…

                                                                      ***


(Cuando la historia que se va a narrar posee entre sus líneas esperanza, color, creatividad, sueños, sonrisas, imaginación y amor; lo correcto es empezar a escribirla como se escriben los cuentos de hadas…)

                          Habíase una vez

Un lugar llamado Happy Home.

Happy Home era el hogar de treinta y dos niños africanos, estaba ubicado a lo alto de una pradera en un país llamado Kenya, pero más específicamente, en una tierra llamada Stellah.

Ellos, diecisiete niños y quince niñas, tenían los siguientes nombres: Lydia –Grandes ojos y mirada soñadora, cariñosa, alegre y siempre estaba cantando canciones que escuchaba en la iglesia- Osango –La sonrisa más pura que puedan imaginar, y amaba bailar- Evance –Era uno de los mayores, le encantaba el futbol y admiraba a Lionel Messi- Night –Estudiosa, callada (a veces), amorosa, mostraba mucha admiración a su hermana- Mercy –Mirada y sonrisa al unísono, parecía que sonriera con el alma- Sheilla –Era la más pequeña de todos los niños, cariñosa, atenta, preocupada, y siempre, siempre quería comer dulces- Collins –Encantador, mucho talento en materia creativa- Elizabeth –Le gustaba comer comida de sabores fuertes, era atenta, trabajadora, eficiente y cariñosa- Ezekil- Le encantaba hacer muecas con la cara y simular que estaba bravo, era juguetón y comía muchísimo- Rose – callada, soñadora y amaba armar rompecabezas- Eliver – Poseía una mirada que podía llegar a intimidar a cualquiera, juguetona, dedicada, delicada, y al parecer no le gustaban las fotografías- Aska –De enorme sonrisa y ojos soñadores, le gustaba escribir, comer maíz y cuidar a su hermanito menor- Abibo – El pequeñito de la casa, no por edad, sino por tamaño, le encantaba dibujar (además era muy bueno haciéndolo), y ver películas para quedarse maravillado con las historias- Kihungu -Servicial, dedicado, y le encantaba arrear las vacas que a veces llevaban a comer a la casa- Edwin -Era uno de los de mayor edad, Callado, pensativo, reía poco, pero cuando lo hacía era capaz de iluminar al mundo- Levis –Juguetón, amaba hacer bromas, reír, pero no le gustaba que los otros niños de la casa utilicen sobrenombres para referirse a él- Suzan – Le encantaba cantar, bailar, siempre estaba muy sonriente, y comía muchísimo- Bless -En oportunidades era tan callada que parecía no estar muy contenta, pero luego, en un instante de mágica, sonreía para luego reír a carcajadas, creando así un ambiente de tranquilidad a su alrededor- Móses –De mirada iluminada y sonrisa tímida, le encantaba jugar- Amriodo –Era el mayor de cuatro hermanos, responsable, atento, soñador, amable, y estaba siempre dispuesto a ayudar- Joy –Era una niña cariñosa, de ojos grandes y mirada maravillosa, le encantaba sonreír y hacer bromas- Afandi- Era la niña más conversadora de la casa, podía ser absolutamente hermosa cuando sonreía, siempre quería jugar, correr, disfrutar- Zimbwane –Era un niño tímido, a veces callado, le encantaba cantar, trabajador, y ponía mucho esfuerzo en las actividades del hogar- Ronald –Era un niño soñador, sonriente, de mirada ilusionada, amaba jugar y ver Peter Pan- Peter – Era un niño muy alegre, amable, cariñoso, muy creativo, por eso le encantaba construir autobuses con cajas de cartón- Faith – Era una niña de enormes ojos sonrientes, cariñosa, atenta y disfrutaba mucho dibujar- Dancan- Era el niño bromista, le gustaba reír, y siempre quería ver fotos de sus jugadores de futbol favoritos- Babu- Era un niño con una sonrisa encantadora, muy estudioso, ordenado, trabajador, pero por sobre todas las cosas soñador- Benter –Era una de las mayores, muy graciosa, alegre, encantadora, siempre tenía hambre, y quería serla profesora de inglés de sus otros compañeros- Kavere- Era una niña con un rostro absolutamente encantador, callada y sonriente al mismo tiempo, pensativa, estudiosa y pequeñita- David- Era un niño alegre, siempre estaba haciendo mucho ruido, le encantaban las fotos, jugar, y era muy bueno en matemáticas- Ondiek – Era uno de los mayores, tímido, callado y muy buen estudiante-

Día tras día los niños de Happy Home solían empezar sus quehaceres muy temprano en la mañana. Asistir al colegio, ir a casa para el almuerzo, regresar al colegio –Estudiar, jugar, compartir- y volver a casa para lavar la ropa, jugar, cenar, hacer las tareas y dormir.

Un buen día, una joven venezolana viajó desde muy, muy, muy lejos para ir a visitar a los niños de Happy Home en Stellah. Cuando la joven llegó a la casa, la estaban esperando para recibirla, el Manager de Happy Home –Un señor muy amable y sonriente- la trabajadora social –Una joven Educada- y tres niñas que parecían estar muy contentas de tener a la joven en casa. Lydia, Mercy y Sheilla, le dieron -con la mejor de sus sonrisas- la mejor bienvenida posible a la joven latinoamericana.

Desde ese día han transcurrido poco más de treinta días…

Con la compañía de la joven, los niños de Happy Home realizan actividades recreativas cada semana, juegan y se divierten aprendiendo.

Al poco tiempo de haber llegado, la joven venezolana les pidió a los niños de Happy Home que construyeran un objeto con materiales de desecho. Fue entonces cuando los niños construyeron un autobús y las niñas fabricaron muñecas. Lo más importante de la actividad, fue que los niños de Happy Home aprendieron que nada es imposible –aunque así lo parezca en principio- que la creatividad y la imaginación son los pilares fundamentales para la creación, y que los objetivos solo pueden ser alcanzados con disposición.

No queda mucho espacio para escribir, es por ello que este capítulo primero de la historia de los niños de Happy Home concluye con un mensaje de esperanza, de futuro, de amor, y libertad a la expresión; porque los niños de Happy Home, utilizaron el arte para expresar el silencio.

“Los espejos se emplean para verse a la cara; el arte para verse el alma” George Bernad Shaw.



                                                                    Y con un

                  Esta historia continuará…