Esta frase se me ocurrió en plena madrugada, supongo yo, que fue justamente en esos minutos en los que ni se está despierto ni se está dormido… Así, como cuando tú inconsciente demanda ser escuchado, pero más que eso, ser recordado.
Alguna vez escribí -Desee- que ojalá fuera posible eso de no olvidar todo lo que se piensa, para así escribirlo luego, para así recordarlo siempre. Es que se puede ser un verdadero genio cuando nadie te ve, cuando nadie te escucha, cuando respiras la soledad más pura, esa que se acompaña con la soledad de tú interior, a veces tan olvidado, a veces tan añorado. Aunque también, puedes llegar a brillar gracias a la solidaridad de una musa, cuando alguien te siente o cuando ha dejado de hacerlo. Espero que no se lea como un trabalenguas, es complicado y lo sé, pero es reflexivo también, por eso he querido comenzar a escribirlo de esta manera.
Más temprano en la mañana realicé una serie de reflexiones en el Twitter, y llegué a la momentánea conclusión de que vivir con poco no es una odisea, tal y como muchos de nosotros pensamos justo antes de intentarlo.
Permítanme explicarme…
Quiero hablarles sobre la cultura, o sobre el modo de vida con el que transcurren los días, meses y años, en este rincón del planeta al que me mudé hace un mes y medio, África-Kenya.
Estoy en la tierra donde todo comenzó, donde se cree que nació el primer hombre (o primate)… Ese que irguió su espalda cual bandera izada en orgullo, ese que respiró el aire de una tierra pura, ese que caminó llanos y montañas a pies descalzos, ese que colonizó conocimientos; sí, ese mismo, el antepasado de todos y cada uno de nosotros… el primero de tantos, el último de muchos.
De hecho, cerquita de Stellah (El pueblo dónde vivo) está la frontera con Etiopía, y, en ese país vecino, fue encontrado el fósil de “Lucy”, quien fuera el primer australopitecos (Sabrá Dios a ciencia exacta que es eso, yo solo investigué vía google jeje)
A lo que quiero llegar es a la convergencia de que todos tenemos un génesis en común, y que, la variante obvia, es la evolución cultural –independiente- que cada continente, país, o tierra, ha alcanzado. Es decir, por dentro somos los mismos seres humanos, por fuera, variamos en tonos y colores… Y variamos, porque nuestras historias no son las mismas, nuestras culturas no son las mismas, nuestras creencias, nuestros motivos, nuestros objetivos no son los mismos, y consiéntanme decirles que eso es, queridos amigos, lo que nos hace especiales… Somos diferentemente iguales, ¡Qué grande!
Muchos africanos tienen la idea errada de que solo las personas de piel blanca pueden llegar a triunfar en la vida; que el negro siempre será pobre, casi un vasallo de sus propios errores y rencores. Yo he tratado, de verdad he tratado, de explicarles que la realidad es otra, que una persona puede surgir si pone empeño en el desenvolvimiento de cualquiera que sea la actividad que realice, que la vida no tiene un patrón predestinado y por esa razón cualquiera puede cambiar la historia… y ellos lo saben, porque aquí aman a Obama. Sin embargo, estoy absolutamente segura de que ninguno de ellos trataría de imitar la proeza de sueño americano alcanzada por un hijo de esta tierra kenyana. Igual lo siguen amando, igual lo siguen idolatrando, creyendo que el negro de la casa blanca podrá cambiar al mundo en uno o dos periodos presidenciales y que lo hará en nombre de África, en nombre de la tierra de su padre, Kenya.
Esa tendencia a la auto-denigración, me molesta. Estoy tratando de erradicarla de la mente de mis niños, para que cuando me toque regresar, por lo menos me vaya con la seguridad de que ellos lucharan hasta el final por lo que quieren. Tengo planeado hacer una cartelera con fotos de cada uno de ellos, poniéndole a un lado el nombre de la profesión que aspiran tener, para que nunca lo olviden, para que siempre lo sueñen.
No quiero que mis niños se sientan estancados por un paradigma errado, quiero que idealicen y que trabajen por alcanzar sus objetivos, por hacerlos realidad.
Por otro lado, como es de conocimiento colectivo, África es un continente pobre, por ende, la vida aquí tiene muchas más limitaciones que en un país como Venezuela, aún cuando esté último es subdesarrollado… Digamos que África, más específicamente Kenya, tiene las carencias de Venezuela elevadas al cubo, y que, tiene muchas más carencias, que supongo, fueron erradicadas de mi patria mucho antes de yo nacer. Digamos también, que vivir en Kenya es vivir como se vivió en Venezuela en los años 20 o 30, con mucha más pobreza, mucha, muchísima más.
Por ejemplo, en Kenya todavía le pegan a los niños en la escuela cuando hacen algo mal, tal y como les tocó vivir a muchos de nuestros padres en la década de los 60 y 70. En Kenya el sexo es el tema más tabú que existe. Hace poco veía una película americana (gringa) que me traje de Venezuela, con las hijas -gemelas de 22 años- de la enfermera del orfanato, cabe destacar que algunos niños se había unido a nuestro disfrute vespertino; la cosa es, que cuando había una escena de besos, un acto de amor, o un encuentro sexual, las jóvenes adultas les pedían a los niños que se taparan los ojos o que se marcharan de la habitación (cosa que también llegó a pasar en Venezuela en su respectivo momento) (y ojo que no era una película pornográfica, simplemente se besaban, iban a la cama y amanecía); No obstante, cuando la escena era de pelea, rencor, odio, y matanzas, nadie hacía nada para evitar que los niños presenciaran semejante derramamiento de sangre. Yo, y para quien me conoce sabe que es lo más normal en mí, pensé que quizá, esa era, precisamente, la razón por la cual este mundo está tan corrompido por la maldad y la guerra, y que por eso, se nos hace tan fácil olvidar lo importante que es amar. No sé, digo yo, quizá esté errada. Por otro lado, un punto de importante relevancia es que en Kenya, la homosexualidad, se paga con cárcel.
Aunque el punto central de este relato es otro, es tratar de escribir según mi entender, de qué se trata eso de vivir con poco, y de qué se trata eso de disfrutar la vida cuando se vive de esa manera.
Vivir con poco es no tener comodidades, bañarse a punta de tobito de agua, dormir en colchones de goma espuma (cuando tienen la suerte de tener colchones), es utilizar el agua de lluvia para beber y cocinar, no tener más de cinco prendas de vestir, y contar solo con un par de sandalias.
Vivir con poco es comer siempre la misma comida, trabajar día a día para vivir el mañana, es arrear la tierra con los pies para conseguir agua, es desconocer comodidades.
Vivir con poco es vivir con ciertas limitaciones que tornan la jornada un poco más larga y hacen de la noche un lugar mucho más profundo para el descanso.
Pero, vivir con poco, significa también, vivir más en contacto con uno mismo… Con tus movimientos, tu esfuerzo, tu voluntad, y con tu fe.
Vivir con poco es también vivir más en contacto con la naturaleza y utilizarla para sobrevivir (Utilizar agua de lluvia, cocinar con madera y carbón).
Vivir con poco, es vivir teniendo todo lo necesario para que la noche se torne día.
Vivir con poco es idear de la nada, lo que te puede hacer feliz.
Vivir con poco es ir cada domingo a la iglesia a agradecer que estás vivo.
En África vivir con poco es vivir… para bien o para mal, es simplemente eso, vivir.
Y yo,
Yo disfruto aprendiendo cómo vivir así.