Un mes en Happy Home
Escrito el 27/07/2010.
Hoy se cumple exactamente un mes desde que pisé tierra africana, la verdad es que es muy cierto eso que dicen los viejos, “el tiempo pasa volando”, y claro, cuando se disfruta lo que se hace, parece que al condenado le da por apretar la “chola” para acelerar el proceso del transcurrir de las agujas del reloj.
Debo confesar que tengo miedo.
Sí, tengo miedo de que sea demasiado pronto, o sea demasiado tarde, miedo del agosto que está por venir, miedo del septiembre, del octubre…Miedo del final.
No me quiero ir.
Se preguntarán que hago yo pensando en despedidas, partidas y finales… Pues, permítanme decirles que es irremediable. Por alguna razón los niños del orfanato siempre me preguntan cuando me voy -Aunque ellos saben perfectamente que mi fecha de partida es en Octubre- supongo que me hablan reiteradamente del final con la esperanza de persuadir mi decisión de alargar los días en esta tierra tan lejana de la mía.
Faith es una de las que siempre me está diciendo “Aunty, do you will go in Octuber?” “No Aunty, you must have to go in February”
Me da cosita, porque me quiero quedar, es decir, no me quiero ir, estoy feliz aquí.
En este país los días transcurren bajo un estilo de vida que ellos suelen llamar “Hukuna Matata” (Si, como en la película de Disney: El Rey León). La gente vive relajada, sin estrés, con amabilidad, esperanza, devoción y mucha, mucha fe.
Permítanme hacerles más grafico el estilo de vida de los kenyanos, ¿Se acuerdan cuando estaban en el colegio y llegaban las ansiadas vacaciones de agosto? Cuando los días pasaban y no sabían cuál era la fecha sino hasta septiembre, que era, por cierto, cuando empezaba la cuenta regresiva enlazada con las ganas entrañables de que el tiempo pasara lentamente…”Por favor diosito, que no llegue el 15” podía ser un pensamiento colectivo. En fin, así, así mismo es como se vive en Kenya. Yo, no sé qué día es, no me preocupo por la hora, y de verdad, verdad, permítanme decirles que es muy rico vivir así.
Aquí me he olvidado del tráfico caraqueño, de Chávez y sus locuras, de la delincuencia (porque en África puedo salir con mi laptop a la vista de todos en plena caída de noche y no me pasa nada, no hay choros que ansíen mi celular, mis zapatos, nada), de la inflación, de la guerra con Colombia y de toda esa barbarie comunicacional con la que abarrotamos nuestra existencia día tras día en Venezuela.
Algo que me sorprende muchísimo es que desde que estoy aquí no he llorado, y ojo, no me lo tomen a mal, pero tampoco he extrañado demasiado. Supongo que eso se debe a dos cosas elementales: 1) Sé que regresaré a mi casa, sé que volveré a ver a quienes quiero, sé que esta aventura tiene un final, sé que cuando esté en Venezuela extrañaré a este lugar como nunca he extrañado nada en mi vida, y lo más importante, no sé si algún día volveré a pisar tierra africana. 2) Tener el servicio Blackberry aquí me ha ayudado muchísimo, porque todavía siento a mi gente cerca, como si no existieran barreras, como si no existieran fronteras, y como si, tal cual dice la canción de Sin Banderas, el mundo entrase enterito en el teléfono.
Estoy amándolos a cientos de kilómetros, igual como amo estando cerca, tan cerquita.
Mi gente es mi compañía, mis niños son mí compañía, y mí compañía es alegría.
Ustedes, mi familia y amigos, están a mí lado aunque no estén.
Yo aquí me siento como en casa… Happy Home es mi hogar.
Quiero decirles que es absolutamente sorpréndete como se puede llegar a amar en tan poco tiempo, porque sí, yo amo a estos niños… los quiero abrazar, hacerles cariño y amapucharlos todo el tiempo… Los quiero querer para siempre y por siempre. Son mis amigos, mis hermanos, mis hijos… Mi familia.
Ellos están tatuados en mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario