30/08/2010.
Mamá Mdogo es una enfermera que ha dedicado gran parte de su vida a ayudar a los necesitados, aunque, obviamente, siente especial devoción por los niños.
El verdadero nombre de mamá Mdogo – A quién, por cierto, también le digo mamá, como todos los niños del orfanato- es Rose. Rose debe tener unos cincuenta años de edad, es de contextura gruesa y muy alta, sin embargo, su mejor cualidad es esa maravillosa sonrisa que se acopla con la mirada traviesa de una mujer cómplice de la bondad en su máxima expresión. Ella está casada con un hombre que en su juventud fue militar de la República, Alfred.
En su casa, Rose y Alfred acogen a tres niños y una adolescente, Moses, Ian, Jackie y Devora. Por otra parte, tienen –o yo conozco- a cuatro hijos biológicos, entre ellos un par de gemelas.
Inicialmente el edificio donde funciona Happy Home pertenecía a la familia de Alfred, el esposo de Rose, quien, por cierto, en su infancia también fue huérfano.
Cuándo Alfred y Rose recibieron la propuesta de la creación de un orfanato en la Villa de Stellah, ambos acordaron donar, o mejor dicho, permitir la instalación del mismo en el edificio que antes había sido un hospital, y que cerró por falta de presupuesto.
Sinceramente debo decir que si yo tuviera la potestad de nominar a alguien para el premio nobel de la paz, esa persona sería Mamá Mdogo.
Para describirla no se necesita mucho adjetivo, pues al comenzar, estaría utilizando el más grande y honorifico de ellos: Amor.
Y ojo, no sé trata solo de hablarles del amor que la Sra. Rose transmite, se trata de tenerla cerca, de sentirlo, es un aura maravillosa que espero que sea perpetua… Por eso se trata de mirarla directamente a los ojos y descubrir el amor, la paz, el respeto y la sabiduría de una mujer de bien. Se trata de saber que estás parado justo al frente de un SER HUMANO, con valores y moral de esa que no se gana solo con vivir por un tiempo lo que muchos viven por mucho tiempo, o solo con gastar dinero a favor de una mejoría a corto plazo… se trata de hacer la diferencia, de entregar la vida a una causa… de respirar sabiendo que hay otros que necesitan tu ayuda para respirar con tranquilidad. Se trata de pretender cambiar al mundo para bien, aunque el mismo mundo no se canse de susurrarte que es imposible.
Por eso, mi premio –honorifico- nobel de la paz, es para Mamá Mdogo, por creer en el mañana en el que muchos han dejado de creer.
Dios la bendiga.
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