martes, 31 de agosto de 2010

Quince días sin los niños

                                                                                                                                              15/08/2010



Dos largas semanas viviendo en una muy ambigua paradoja relacionada a este tiempo que pasa tan rápidamente lento… ya ven, les dije que era una paradoja.

Permítanme explicarme.

Ya estamos a mitad del mes de agosto, y ese miedo, sí, ese mismo del que tanto les he hablado, va tomando poder, poquito a poco, con indiscutible razón de ser… con ese no sé qué, que te recuerda en silencio que no todo es para siempre, que nada es para siempre.

Sin embargo, y aunque a mí me parece casi increíble, el tiempo sin mis niños pasa lentamente… por eso, podría aseverar que vivo en el paralelismo inconsciente de un mundo en el que, lo único que hago es mirar el puntero del reloj que tiene la función de señalar los segundos… tic, tac, tic, tac, tic, tac… un tic, tac de infinita paciencia.

Extraño a los veinticuatro niños que se fueron a visitar familiares (hermanos mayores, abuelas, tías) luego de que cerraran la escuela por vacaciones. Este lugar no es el mismo sin sus voces, sus risas, incluso, sin sus gritos y sus peleas...Por eso, ahora más que nunca estoy segura de que las paredes no son nada cuando están baldías, simples paredes pintadas de bonitos colores, gigantescas ausencias, silencio profundo, nada, nada en especial… Por eso sé que esté dónde quiera que esté, mi hogar serán mis padres, mi hermano, mi familia y mis amigos… no cuatro paredes, no un terreno, no, nada de eso… Imagínense ahora que tengo el corazón partido en dos, y siento que mi hogar está en Venezuela, en un pequeño pueblo llamado Charallave, pero también tengo un hogar en Kenya, en una villa llamada Stellah… yo sé que estoy en mi hogar, y sé también que fui bendecida al venir aquí.

Por otro lado, aunque el Manager del orfanato no me dio explicación concreta por la partida de todos los niños a excepción de aquellos que no tienen a nadie, supongo que tuvieron dos razones de peso, la primera es que la escuela cerraría sus puertas por un largo periodo de tiempo; tiempo que podría aprovechar los niños para reanudar el contacto con sus familiares; y la segunda, muy importante además, se debía a la celebración del Referéndum consultorio que tenía la finalidad de cambiar la constitución de la República de Kenya, cosa que finalmente sucedió al ganar la opción del sí; la enfermera me había comentado que tenían miedo de mantener a todos los niños en un mismo lugar ya que durante las elecciones se podían presentar focos de violencia, tal cual como había sucedido durante las últimas elecciones dónde, por cierto, estuvieron cerca de vivir un conflicto étnico similar al de Ruanda, y aunque no llegó a tales magnitudes, mucha gente murió en aquél periodo.

Los ocho niños que no tienen absolutamente a nadie, tuvieron que quedarse a pasar los días en la casa de la enfermera, que es el lugar donde yo también me quedo.

Durante todo este tiempo me he podido acercar mucho más a Afandi y a Aska. La primera es una niña con una historia durísima, pero con una capacidad de solventar problemas que –yo creo- ninguna niña de ocho años en Venezuela tiene, con una madurez para asimilar responsabilidades, realmente admirable y con tanto, tanto amor para dar que simplemente me deja sin palabras. Por su parte Aska es como una pequeña mamá a cargo de sus dos hermanitos pequeños, tan madura como Afandi, o mucho más por ser mayor en edad, llegó al orfanato sin saber siquiera escribir, era una niña grande para estar en lo que nosotros conocemos como preescolar, pero ahora, y con mucho esfuerzo se ha podido nivelar, incluso, me entregó unas muy buenas composiciones en inglés, de las que estoy super orgullosa… Aska es una pequeña mamá, una niña grande, o una adulta en cuerpo de niña… igual le encanta jugar, y se queja de mí ropa cuando me ayuda a lavar, ella dice que yo soy como un niño pequeño, ensucio mucho la ropa, y luego, cuando me ve lavar, me dice que también lavo como los niños, agregando un “do it like this aunty, like this” … Estas dos niñas, como muchos otros, tienen historias de vida verdaderamente admirables, y no puedo, de verdad no puedo, describirlas sin llenarme de orgullo.

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