domingo, 8 de agosto de 2010

Tómala, ella es un ser humano.

Hoy mientras hacía mi intento rutinario de trotar 4 km de un camino cuya única referencia que conozco es una escuela llamada “Korondo”, me sucedió algo inesperado.


Pero, por favor, permítanme contarles desde el principio.

Se suponía que hoy no trotaría, primero porque me levanté super tarde, y segundo porque tenía que terminar de enviarle -vía e-mail- a la Directora del Orfanato –Quien vive en Canadá- unas composiciones con sus respectivos dibujos, que fueron realizadas por los niños, justo antes de salir de vacaciones… En fin, lo importante, es que no me daba tiempo de ir a trotar.

Sin embargo, como creo que ya se los he dicho antes, los africanos viven en un estilo de vida muy a lo Hakuna Matata, ellos son relajados y se toman con mucha calma cada aspecto de la vida.

Matara, es el dueño de un centro de computadoras que está ubicado a pocos metros de Happy Home, y, como él tiene una impresora con escáner, le pedí que me escaneara las diez páginas que debo enviar como reporte del mes de Junio a la Directora del orfanato. Hoy, siete de Agosto se cumplen dos semanas desde que le entregué las composiciones y dibujos a Matara, él, todavía no ha terminado de escanearlos. Cada vez que voy a la tienda de Matara, él me dice que vuelva en una hora, y, cuando regreso –en una hora- me dice que vuelva en dos horas; y si, que yo soy muy incumplida con el horario, pero aquí en África puedo pasar por inglesa facilito.

Ya que Matara aún no había terminado mi requerimiento, decidí ir a trotar (por cierto, que me sentía mal porque andaba con una alergia que no me permitía respirar con normalidad).

Como era de esperarse, cuando llegué a la casa de mis amiguitos –Esos que siempre me acompañan a trotar y me hacen ver como Forrest Gump- se unieron a mí andar. Fuimos y vinimos, y hoy, cabe destacar, éramos unos cuantos más.

Cuando rozábamos la tierra en el camino de vuelta, la madre de uno de los niños se acercó a donde estábamos para pedirme que me llevara a la niña más pequeña –Suzan- porque en mí país podía vivir mejor.

Yo, la verdad, me quedé sin palabras, sin saber qué decir o qué expresar con mi rostro, sin tener oportunidad de pensar en una respuesta “diplomática”, sin argumentos, sin sentidos… y con una paradoja in crescendo en mi conciencia.

¿Qué le puedo decir a esta señora? Pensé casi a la velocidad de la luz.

- Take it – Insistía. (La gente aquí, como yo, no hablan bien inglés)

La única frase que se me ocurrió y que –prácticamente- escupí, fue: “Tengo que estar durante un buen tiempo en Kenia”, “Le prometo que cuando sea el momento de regresar a mí país pensaré en ello”.

- But, Why you don´t want to go with she? (Pero, ¿Por qué no quieres llevártela?)

¿Qué más podía alegar? Soy demasiado joven, no tengo dinero para otro pasaje, no puedo llevarme a un niño solo porque me lo regalan, es complicado…. Si mi cerebro fuese un laberinto, les aseguro que este dilema jamás hubiera encontrado la salida, o por lo menos, no en ese momento.

- She is a human, take it. (Ella es un ser humano, tómala)

Ahora si me había soltado una frase que yo, quizá, habría utilizado en un momento similar, o para escribir un trabajo, o para narrar una historia… “Ella es un ser humano”, “¿Por qué no te la quieres llevas?”

Si mi corazón pudiera expresarse sin que la conciencia interviniese, él simplemente habría explotado en llanto. Pero no, el raciocinio no me permitió mostrar empatía, debilidad, o simplemente franqueza de un sentimiento que me carcomía la piel; me mantuve firme ante una madre que me mostraba los ojos enormemente esperanzados de una niña de poco menos de cuatro años, sucita, descalza, y con una vida dura por delante.

- No puedo- Le dije, y lo aceptó con resignación.

No obstante, luego de dejar a madre e hijos a mi espalda, mi conciencia no dejaba de repetirle a mi corazón algo que, tal vez, a él le estaba costando más entender: “No puedes” “No puedes hacer nada”

...Es duro, ver a unos chamos vivir en el tipo de condiciones que en los libros de mi universidad describían como pobreza extrema, verlos sonreír porque corren a tú lado, y verlos también, correr descalzos. 

No es fácil ir al supermercado y gastarte 1000 Shillins (10 dólares) en galletas, pan y pasta, sabiendo que ellos solo pueden comer eso que cultivan sus padres… No hay galletas y probablemente no tengan leche. No hay mucho más de lo que simplemente tienen. No es fácil, y no lo había pensado así hasta ahora.

Pero ojo, sé perfectamente que no soy egoísta por poder tener lo que ellos no tienen, a lo que mi reflexión me llevó, es a la posibilidad de sembrar una idea que les permita vivir con una calidad de vida un poco más digna, aunque no sé si funcionará, igual les iré contando mientras siembro.

Desde hoy siento que es importante preguntarme: ¿Qué puedo hacer para variar, así sea en un mínimo, las cosas?

También sé, que no puedo cambiar al mundo, pero lo que sí puedo hacer, es comenzar a intentarlo, si bien, no a TODO el mundo, me basta con saber que hice lo propio con el mundo de unos cuantos.

Por ahora solo sé, que hoy…

No podía hacer nada

1 comentario:

Unknown dijo...

que fuertee! piel de gallina!
si bien una persona no puedo cambiar el mundo, el cambio del mundo si empieza por una persona, y es que si tu te repiensas todo y consigues ese detalle, ese granito de arena, ahi tu entorno cambiará y junto con eso las personas q hacen vida en él, para luego ellos tambien cambiar su entorno y así una cadena de personas, de conciencias que se entrelazan en buena voluntad... llamame optimista.. pero pueden cambiar al mundo!!